Sé que corro el riesgo de la falta de objetividad escribiendo este artículo cuando aún está tan reciente una tragedia de la magnitud de la que ha asolado Noruega hace sólo tres días, pero la entrada no es fruto de la indignación o del "calentón" del momento. Es simplemente una constatación. Porque parece que el mundo estaba demasiado preocupado del terrorismo islamista cuando ha aparecido ante nuestras narices otro que no le va a la zaga en poder destructor y fanatismo miserable: un terrorismo cristiano de ultraderecha. Ya son conocidas mis opiniones sobre las tres religiones monoteístas "del Libro", es decir, cristianismo, judaísmo e islam, que considero fruto de innumerables crímenes, guerras y violaciones de los derechos humanos desde que las tres vieron la luz en este mundo.lunes, 25 de julio de 2011
Apareció el terrorismo cristiano
Sé que corro el riesgo de la falta de objetividad escribiendo este artículo cuando aún está tan reciente una tragedia de la magnitud de la que ha asolado Noruega hace sólo tres días, pero la entrada no es fruto de la indignación o del "calentón" del momento. Es simplemente una constatación. Porque parece que el mundo estaba demasiado preocupado del terrorismo islamista cuando ha aparecido ante nuestras narices otro que no le va a la zaga en poder destructor y fanatismo miserable: un terrorismo cristiano de ultraderecha. Ya son conocidas mis opiniones sobre las tres religiones monoteístas "del Libro", es decir, cristianismo, judaísmo e islam, que considero fruto de innumerables crímenes, guerras y violaciones de los derechos humanos desde que las tres vieron la luz en este mundo.domingo, 24 de julio de 2011
lunes, 18 de julio de 2011
Día de recuerdos
Hoy, cuando se cumplen 75 años del golpe de Estado que provocó la guerra civil española y cuyos responsables nunca pisaron la cárcel, me he propuesto dedicar esta entrada a algunas personas: - A aquellas que soñaron una España mejor.
- A las que se rebelaron contra el yugo de los grandes terratenientes.
- A Clara Campoamor y a tantas otras luchadoras por el voto femenino.
- A las que se propusieron acercarse a Europa en derechos y libertades.
- A las que lucharon por la libertad, sin dios, ni patria, ni amo que se la segara.
- A las que quisieron acabar con siglos de dominación y oscurantismo de la iglesia católica.
- A las que lucharon por un país de ciudadanos, no de súbditos.
- A los maestros que dedicaron sus mejores energías a educar en la libertad.
- A los que fueron fusilados en las tapias del cementerio del Este.
- A sus compañeras que fueron rapadas y vejadas.
- A los que pasaron 40 años de sus vidas encerrados por miedo.
- A los brigadistas internacionales que, a diferencia de sus países, no nos abandonaron.
- A quienes quisieron desmontar del caballo a los amos del cortijo.
- A todos los exiliados.
- A quienes fueron asesinados y arrojados en cunetas donde aún hoy esperan justicia, verdad y reparación.
- A los esclavos del valle de los caídos.
- A todos los que, en los años 30, desde España, dieron lecciones de modernidad al mundo.
A todos ellos, mi agradecimiento y mi recuerdo.
martes, 12 de julio de 2011
Basta de bromas
Asistimos estos días al lamentable espectáculo de ver cómo los "mercados", que podíamos mejor denominar especuladores carroñeros (no son otra cosa), se recrean en desmantelar la Unión Europea a base de forzar impagos en varios de sus Estados miembros subiendo la presión sobre su deuda soberana. No creo que nadie dude de que estos mecanismos, que tan sólo buscan la máxima ganancia aún a costa de hundir países enteros (y con ello, a sus ciudadanos), no tienen límite y no parararán de tensar la cuerda hasta que alguien dé un puñetazo en la mesa. La situación está deviniendo demasiado grave como para que la UE no adopte de una vez una posición común seria, que refuerce a la Unión y al euro y que frene de una vez esta espiral absurda. La integración política y fiscal de la UE debe reforzarse tras esta crisis, hay demasiadas cosas en juego y gobiernos pacatos como el alemán, el holandés o el finlandés, que no cesan de boicotear los acuerdos del Eurogrupo, deben poner por delante de sus intereses nacionales la defensa de la UE, porque unidos somos mejores y más fuertes.Es intolerable que países soberanos se vean sometidos a los vaivenes que provocan cada semana tres agencias de calificación, léase Moddy's, Standard and Poor's y Fitch, que juegan a subir y bajar la nota de los países según tenga el ánimo el incompetente empleado de turno que aprieta la tecla correspondiente. Digo incompetente porque está demostrado que estas mismas agencias no supieron prever el hundimiento de Lehman Brothers, que tan lejano parece ahora y que fue uno de los gérmenes de todo lo que sucede hoy. ¿Quién califica a las agencias de calificación?
¿Alguien recuerda que hace 10 o 15 años se hablara de estas agencias? Hoy todos los telediarios abren día sí y día también con la nota que Moody's pone a la deuda española, y los países tiemblan ante una posible bajada en la calificación. Esto, si no fuera por las consecuencias directas sobre los ciudadanos que ya estamos sufriendo, no podría povocar más que risa. ¿Tres empresas privadas, además de capital estadounidense, controlando el comportamiento de toda la Unión Europea y favoreciendo con ello el auge de los especuladores que acuden a la sangría como buitres a la carroña? ¿Hasta cuándo se va a tolerar esto? Por favor, acabemos con esto de una vez y creemos mecanismos serios de calificación a nivel europeo y controlemos a estas agencias que están jugando con cosas demasiado serias.
Y también empecemos a pensar que no es tan grave no pagar la deuda, México o Argentina ya lo hicieron en los 90 e Islandia lo ha hecho hace escasos meses. Como ciudadanos europeos nos corresponde movilizarnos y exigir a nuestros países que no pasen por el aro de este juego que ya apesta. Y que no nos vendan que no queda otra: que nos pregunten en referéndum si queremos hacer frente a esa deuda, que nos pregunten de dónde queremos que se financie el Estado, que nos pregunten si queremos seguir aportando fondos públicos a entidades financieras.
¡Basta de tomaduras de pelo! ¡Quitémonos miedos de encima, el planeta seguirá girando aunque nuestros Estados no puedan hacer frente a sus deudas! ¡Los que no seguirán girando en esta rueda de avaricia y desvergüenza son los cuatro mangantes que la están provocando!
martes, 5 de julio de 2011
¿Dónde está la UE?
Hoy, la creación de la Unión Europea en los años 50, puede parecernos algo lejano, cuando Alemania y Francia decidieron crear una Comunidad Económica destinada a favorecer el comercio del carbón y el acero, y de paso inaugurar una nueva de etapa de amistad entre las dos grandes potencias continentales, tras años de fatal desencuentro. Posteriormente cada vez más países se fueron uniendo al proyecto europeo, convencidos de sus grandes ventajas políticas y económicas, así como de su categoría de proceso histórico e imparable en un continente tristemente marcado en su historia por los conflictos bélicos. Así, la inicial Comunidad Europea fue creciendo, se transformó en la actual Unión Europea y, aunque siempre se incidió más en la integración económica de sus miembros (no es fácil renunciar a la soberanía nacional), también se fueron logrando avances, aunque menores, en el plano político, como la creación de una política exterior común o el cada vez mayor poder normativo del Parlamento Europeo. También se instituyó como un "club" defensor de los derechos humanos, que exigía una larga serie de requisitos en este ámbito a todo Estado que quiera entrar a formar parte de él, además, por supuesto, de todos los requisitos económicos hoy tristemente de actualidad.En este tiempo de creciente influencia y optimismo del proyecto europeo, muchos países manifestaron su deseo de ingresar en la Unión, especialmente los de la antigua órbita soviética, que veían en la UE, por un lado, una oportunidad de modernizar sus economías y sistemas políticos y, por otro, un retorno a la vieja Europa de la que tanto tiempo habían estado separados por aquel telón de acero que ahora nos parece tan lejano.
Hoy, sin embargo, la Unión aparece ante el mundo más lánguida que nunca, desintegrada por unas, cada vez más, conservadoras y timoratas políticas internas de los Estados, que ante la incertidumbre que vive el planeta, prefieren el "sálvese quien pueda" a proseguir avanzando en un proyecto europeo en el que ya parecen no creer. El error de esta actitud, en mi opinión, parte de la absurda centralidad que hoy en el mundo se otorga a la economía, dejando de lado otros ámbitos de nuestra existencia mucho más importantes. Como ya he manifestado en entradas anteriores, la UE es el espacio geográfico del mundo donde se garantiza una mayor protección social a sus habitantes y supone todo un modelo a exportar y no a desmantelar, porque es fruto de lo mejor del espíritu humano, de la cultura ilustrada y de los derechos humanos. ¿Cuál ha sido entonces el error de la UE? Pues precisamente no exportar este modelo.
Un ejemplo es muy claro: Turquía. Este país, que es miembro asociado de la UE desde 1965, empezó las negociaciones para su adhesión plena en 2005. Tras sucesivas trabas y posposiciones de plazos, hoy esa adhesión parece más lejana que nunca y son muchos los turcos que, recordando su orgulloso pasado imperial, manifiestan que, puesto que Europa no los quiere, Turquía ya no necesita a Europa (y menos ahora que el país se está convirtiendo en una potencia regional en Oriente Medio, con criterio propio en política exterior y tasas de crecimiento económico que enrojecerían a cualquier país "occidental"). La UE no puede escudarse en la falta de cumplimiento de requisitos económicos, porque el AKP (partido islamista en el gobierno que recientemente ha revalidado su mandato), pese a sus muchos defectos en otros ámbitos, en este ha hecho los deberes a la perfección. Ni siquiera puede aducir falta de avances en la protección de los derechos humanos, donde, pese a que siguen existiendo problemas, la situación nada tiene que ver con la de hace veinte años. ¿Cuál es, pues el problema? Pues yo diría que son dos: la población y la religión.
Efectivamente, ni a Francia ni a Alemania les hace gracia que un país que les supera en población les superara, por ende, en representantes en las distintas instituciones europeas y, por tanto llegara a tener la misma influencia que ellos. Tampoco les hace mucha gracia un posible éxodo migratorio turco hacia otros Estados miembros una vez conseguida la adhesión. Sin embargo, y es una opinión personal, llegado el caso podrían llegar a soslayar estos "problemillas", pero no otro que consideran mucho peor: el hecho de que el 99% de la población turca sea musulmana. En no pocas ocasiones hemos oído al Papa manifestar su idea sobre las raíces cristianas de Europa y, por consiguiente, su existencia como un club cristiano. Tampoco deja de ser curioso que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (que no es un órgano de la UE, pero sí es "europeo") haya fallado recientemente a favor de que Italia mantenga los crucifijos en las escuelas públicas mientras también ha admitido la prohibición del velo musulmán en espacios públicos en Turquía y Francia. ¿Coincidencia?
Si aún hay tiempo para ello, en mi opinión nada podría favorecer más la democracia en todo el Oriente Medio y los países árabes que la adhesión de Turquía a la UE, que además supondría la integración de uno de los países más dinámicos, jóvenes y políticamente influyentes de la zona mediterránea. Frente a estas ventajas que parecen obvias, Europa una vez más se refugia en prejuicios nacionalistas y cortoplacistas y, sin darse cuenta, sigue perdiendo influencia en el mundo.
Pocos acontecimientos tan lamentables han ocurrido en lo que llevamos de 2011 como la artrósica inactividad de la UE ante las revueltas árabes que se sucedieron desde febrero. Los distintos gobiernos europeos, de los que formaban parte ministros acostumbrados a veranear en los palacios de Ben Ali o Mubarak, no sabían qué cara poner ante las inapelables manifestaciones ciudadanas que reclamaban aquello de lo que la UE se precia: sistemas democráticos para sus países. Finalmente, una vez más, tuvo que ser EEUU, con escasos intereses en la zona, quien empujara a los viejos países europeos a que se movieran, decretándose una acción militrar en Libia que aún hoy perdura, pero permitiendo baños de sangre en Siria o Bahrein, en casos exactamente iguales al libio. La imagen es, de nuevo, la de esa realpolitik que tanto daño hace al mundo, y que lleva a unos gobiernos de ser adalides de los derechos humanos a amigos íntimos de sátrapas de una semana para otra.
Frente a toda esta situación, haría falta un reforzamiento de la UE como espacio de integración política, eso que se ha dicho tantas veces pero que nunca es inútil repetir: lograr una UE de los ciudadanos y no de los mercados. Porque Europa se ha equivocado muchas veces a lo largo de su historia, y quizá hay muchas cosas de las que debamos arrepentirnos, pero también hemos creado cosas muy positivas para la Humanidad, como nuestro sistema de redistribución de la riqueza, del que debemos sentirnos orgullosos y no dejar que se desmantele sin más. La raíz de toda la crisis que estamos viviendo radica en que "no somos competitivos". ¿Pero aún hoy alguien se cree que podemos llegar a competir con China o India, países donde los más mínimos derechos sociales no son respetados? Por supuesto que no. Por eso, tanto o más importantes que nuestras movilizaciones en Europa, lo son las que se han empezado a ver en China de ciudadanos reclamando sus derechos sociales y laborales. En su fuerza y en nuestra resistencia está el futuro de todos.
Aprendamos del mundo en aquello de lo que nos puedan enseñar, pero enseñemos sobre aquello de lo que podamos estar orgullosos.
Seguimos!
miércoles, 29 de junio de 2011
La mochila del Papa
En noviembre de 2009 apareció una noticia en los periódicos según la cual la visita del Papa a Madrid, que se produciría en agosto de 2011 (ya lo tenemos aquí), tendría un coste de 50 millones de euros, la mitad de los cuales serían sufragados por el Estado. A esto se añadía que, a cambio de dicho apoyo económico, el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, se comprometió a rebajar las críticas al Gobierno. Han pasado ya dos años de aquella noticia, pero leyéndola no ha perdido ni un ápice de escándalo y muestra muy a las claras la continua política de apaciguamiento, trato privilegiado y humillación del Estado español ante la jerarquía católica, además de un tufo a mercadeo de intereses que tira para atrás (al igual que tiraban para atrás aquellas imágenes de la vicepresidenta de la Vega con su mantilla besando el anillo del pontífice en el Vaticano). Este Gobierno socialista tan preocupado por los débiles y tan amante de ese "republicanismo ciudadano" del que tanto hablaba Zapatero en sus inicios, ha resultado ser el más dadivoso con la Iglesia católica, aumentando la aportación por IRPF del 0,52% al 0,7%, a lo que se añade una aportación fija de alrededor de 8000 millones euros al año. Todo ello, claro, mientras en la calle se celebraban continuas manifestaciones encabezadas por prelados con gorra defendiendo la familia tradicional o el derecho a la vida (¿a cuantos millones de personas ascienden los muertos provocados por la Iglesia católica a lo largo de su historia?) y poniendo al Gobierno a caer de un burro.
Es incomprensible que esta situación se siga alargando y la sigamos sufriendo día a día. La religión es una cuestión privada y personal, siendo los Estados aconfesionales los únicos que pueden garantizar la libertad para todos, independientemente de sus creencias, porque no se apropian de ningún símbolo religioso. Aún hoy, nuestros ministros juran delante de una biblia y un crucifijo. Aún hoy hay crucifijos en muchas escuelas públicas. Aún hoy los funerales de Estado los ofician ministros de la Iglesia católica. Aún hoy existen capillas católicas en Universidades y Hospitales públicos. Aún hoy el Estado español paga el sueldo de los profesores de religión católica pero es la iglesia la que los despide si se divorcian (pagando el Estado la indemnización, por supuesto).
¿Cómo puede un Gobierno que se dice socialista seguir dando palmaditas a personas que defienden postulados totalmente arcaicos y casposos? ¿De qué tienen miedo? ¿Tendremos que ser los ciudadanos los que al final acabemos rebelándonos también contra esta situación que es totalmente injusta? ¿Han visto ustedes la afluencia diaria a misa en cualquier iglesia de su barrio? ¿A quienes representan estos señores? ¿Qué base social tienen? Lo pregunto, además de para que nos hagamos una idea de su poder real, porque debe ser esa base social la que sufrague los gastos de la confesión que profesan.
No puedo evitar que me den repelús las religiones que no tienen sentido del humor y que además tratan de elevar sus valores a la categoría de dogmas universales, tratando de interferir en la vida privada de todas las personas, profesen esas religiones o no. Las tres llamadas "religiones del Libro", es decir, judaísmo, cristianismo e islam, comparten estas características. Las tres adoptan una posición victimista cuando reciben críticas, victimismo que llega a tener consecuencias trágicas cuando, por ejemplo, el Estado de Israel sigue basando todos sus postulados ontológicos en lo que dice un libro escrito hace más de dos mil años, sin importarle el coste en vidas humanas que implica su existencia en un determinado territorio para el que parece ser que fue designado "pueblo elegido". También cuando un dibujante recibe amenazas de muerte por hacer una caricatura de Mahoma, amenazas que en algunos casos pueden llegar a hacerse realidad. Cualquier religión debe tener la capacidad de recibir críticas e incluso de reírse de sí misma.
En esto tienen aún mucho que aprender del budismo. Buda, que en muchas de sus representaciones tiene aspecto de gordito saludable y sonriente, fundó una doctrina en nombre de la cual nunca se ha producido en el mundo una guerra religiosa y, por tanto, que no lleva muertes a sus espaldas. Estoy convencido de que, si en el futuro la Humanidad elige una nueva forma de espiritualidad o religiosidad, esta tendrá mucho del budismo, de cuya doctrina del desapego y renuncia a las posesiones podríamos aprender mucho en los próximos años.
Somos seres racionales, y creo que, en el caso de que existiera algún dios, se deprimiría profundamente viendo a sus criaturas llorando desconsoladamente porque se rompe un palo del paso de una procesión y no se puede sacar a la estatua de madera correspondiente a la calle, o muriendo en una estampida en La Meca después de realizar unos rituales totalmente tribales e irracionales, o agradeciendo a Dios cada mañana por no haber nacido mujer, como hacen los judíos ortodoxos. ¿Realmente se es mejor persona por no comer cerdo o por ayunar en horas de luz durante un mes? ¿Hay diferencia entre una procesión de semana santa y unos nativos americanos bailando alrededor de un tótem (a los que se suele denigrar por primitivos)?
Estoy convencido de que cuanto antes nos despojemos de estas tres religiones supersticiosas, anticuadas y profundamente negativas en su balance final en la Historia, antes el mundo será un lugar mucho más agradable para vivir. Sin duda, algún día terminará su camino en este planeta, ¿o acaso hoy alguien se acuerda de rezar a Zeus o a Quetzalcoatl?domingo, 26 de junio de 2011
La revolución de la empatía
"Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit."
(Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro)
Tito Macio Plauto
“Tenemos que volver a la naturaleza, porque la naturaleza es buena y el hombre es bueno por naturaleza”
Jean-Jacques Rousseau
Que estamos ante un cambio de modelo político y social es un hecho palpable en multitud de acontecimientos a los que estamos asistiendo en nuestro planeta, desde la crisis de todo un modelo económico cuyas insuficiencias y despropósitos son cada vez menos ocultables, hasta las esperanzadoras nuevas formas de participación política de la ciudadanía que se siente cada vez más lo que nunca debió dejar de ser: el primero de los sujetos políticos.
Hace ya más de doscientos años, mientras autores como Rousseau defendían que el ser humano era bueno por naturaleza, siendo la sociedad quien lo convertía en malo, otros como Thomas Hobbes afirmaban por el contrario que el ser humano era perverso y egoísta, y que era el Estado quien debía tener el monopolio del uso de la fuerza para encauzar su comportamiento. ¿Quién de los dos tenía razón?
Lejos de mi intención contradecir a dos padres de la teoría política, a los que tanto deben los sistemas más o menos democráticos en los que hoy algunos de los habitantes de este planeta habitamos, pero creo que ninguno de ellos tenía toda la razón. A menudo escuchamos, y a raíz de la crisis que estamos viviendo es un comentario que ha ido ganando cierta presencia, que no se pueden evitar determinados comportamientos humanos que hoy están escandalosamente presentes en nuestras sociedades, tales como el egoísmo, la ambición desmesurada, el afán desmedido de poder o la avaricia sin límites. Partiendo de esa cita latina homo homini lupus que tanto gustaba a Hobbes, estas actitudes se llegan a ver como naturales para acto seguido colocarlas en el cajón de las "cosas inevitables" y, por tanto, eternas. Está en la naturaleza de las personas ser egoístas, ser avariciosas o corromperse cuando llegan a tener alguna cuota de poder así que, amigas y amigos, no intenten luchar contra eso.
Estoy de acuerdo en que estos comportamientos son naturales, pero desde luego no son humanos. Me explico. Todos tenemos pensamientos egoístas en determinados momentos de nuestras vidas. No soy antropólogo ni psicólogo social, pero entiendo que esto se debe a nuestro instinto de supervivencia innato como una especie más del planeta. Es efectivamente natural que tendamos a protegernos a nosotros mismos y a nuestros seres más cercanos en momentos de temor o incertidumbre. Pero lo maravilloso del ser humano es que tenemos una mente capaz de dominar nuestros impulsos animales y por eso somos capaces de escribir poemas o sinfonías, que son actos muy poco "naturales". Tenemos, pues, dos vertientes: la natural y la racional, y ambas deben funcionar en equilibrio. El lógico instinto de autoconservación puede degenerar en el egoísmo desmesurado que lleva a determinadas personas a acaparar ingentes cantidades de dinero, riquezas y posesiones sabiendo que comparten planeta con otras que no disponen de agua corriente, medicinas o un techo bajo el que vivir. Calificar esta realidad como algo inevitable en el ser humano (además de hacernos muy poca justicia a nosotros mismos) implica justificar comportamientos que son de todo punto injustificables.
En mi opinión, lo importante no es lo que somos, sino cómo nos comportamos con los demás. Porque sí, es cierto, yo, usted que me lee y todos y cada uno de los habitantes de este planeta tenemos instintos egoístas, pero algunos los controlan e intentan hacer del mundo un lugar más agradable para vivir, y otros les dan rienda suelta y, sin duda, convierten este mundo en un lugar más difícil y, desde luego, menos humano. Hoy no me detendré en conceptos políticos para defender la pequeña revolución que está naciendo en España desde el 15 de mayo, porque lo ideal sería no detenerse en viejas dicotomías o "ismos" políticos, sino empezar a hablar de una revolución de la empatía. Actualmente, con la ingente cantidad de información a la que tenemos acceso, ponerse en el lugar del otro es más fácil que en tiempos de Rousseau o Hobbes, y de hecho muchos vibramos con los ciudadanos que lograron revertir sistemas políticos tiránicos en Túnez o Egipto, y con los que lo siguen intentando en la ya histórica "primavera árabe", y también se nos encogió el corazón ante catástrofes como el terremoto de Haití del año 2010 o el más reciente de Japón y su posterior desastre nuclear. ¿Qué tenemos en común con los habitantes de estos países? Pues algo no poco importante: nuestra propia humanidad. El mundo cada vez es más empático y, sin duda, eso redundará en que cada vez sea un mundo mejor.
Pero no sólo hablo de empatía con lo que sucede fuera de nuestras fronteras: en España hay gente que está siendo desahuciada todas las semanas y obligada a seguir pagando su deuda al banco después de entregar su casa hasta acabar en la más absoluta de las miserias, también hay extranjeros recluidos en centros de internamiento antes de ser expulsados del país, centros fuera de todo control legal e informativo y donde los derechos humanos entran en esas zonas de sombra tan peligrosas en nuestras sociedades (por desgracia, hay muchos Guantánamos), y tenemos toda una generacion que ya ve como algo normal e inevitable salir del país a buscarse la vida y, por tanto, convertirse en emigrantes. Como todos podemos ser desahuciados, como todos podemos entender lo que es ser inmigrante en otro país y como todos tenemos constancia de que nuestra dignidad y nuestros derechos son lo más importante que tenemos como personas, sólo nos queda avanzar en esta revolución de la empatía, para seguir mejorando el mundo.
Ánimo!



