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martes, 12 de enero de 2016

Para CDC nuncá habrá sandalias



Pues ya tenemos nuevo presidente en Cataluña y, oh sorpresa, vuelve a ser un presidente de CDC. Ni siquiera de ERC, ni siquiera un “independiente”.  La diferencia no sería mucha ya que el consorcio JxS no deja de ser un ómnibus neoliberal pero al menos ofrecería una cierta ilusión de cambio. Ni eso nos han regalado los prohombres representantes de esas 400 familias que, no sólo mandan publicando sus normas en el DOGC, sino también aleccionándonos moralmente. Pudimos verlo este mismo domingo en el acuerdo firmado entre JxS y CUP que, conforme avanza por los distintos puntos, se va transformando de un acuerdo de investidura en un cilicio en prosa. Enric Juliana habla de la gente de la CUP como franciscanos políticos y a ciertos franciscanos eso del "Penitenciagite, Penitenciagite", pues les pone. 

Tampoco invento nada si digo que en la política catalana el relato no es que sea importante, es que es importantísimo. Mucho más, si cabe, que las acciones políticas en sí. El relato lo domina todo: las teles públicas, los periódicos paniaguados y los Marhuendas patrios (que los hay) se encargan de vociferarlo. ¿Y qué nos viene a decir el relato mainstream catalán impuesto desde 1978 por CDC y sus mariachis? Pues algo que, creo, en cualquier otro lugar del mundo con una prensa relativamente libre y una sociedad civil digna de tal nombre, duraría lo que un bizcocho en la puerta de un colegio. El mensaje es, atención: Cataluña es un lugar que ansía cambios. No sólo eso, es el motor del cambio político en España. Ahora ya incluso quiere la independencia. Casi ná. Pero, curiosamente, y a la vez, se empeña en permanecer siendo un reducto neoliberal gobernado por la misma derecha desde 1978 (considero los dos tripartitos un paréntesis de quiero-y-no-puedo precisamente por subordinarse sus miembros al marco hegemónico en lugar de intentar romperlo). CDC ha gobernado 28 de los 37 años de “democracia” que llevamos, y de momento, ya han logrado un año más.

Desde que comenzó la mal llamada crisis económica allá por 2008, en España hemos asistido a ver cómo gente se tiraba por la ventana por la asfixia de los bancos, ancianos analfabetos estafados con preferentes, despidos masivos e infinitos casos de robo de dinero público a manos llenas por parte de nuestros “representantes”. Ocho años ya. También hemos vivido un 15 M, que introdujo, por primera vez en el país desde 1978, una remodelación de marcos mentales y políticos desde abajo cuyos efectos, afortunadamente, aún perduran si bien no han sido suficientes para tumbar al régimen.

En estas llegamos a enero de 2016 en Cataluña, y nos encontramos con que, en el lugar que (dice que) ansía más cambios, que se autoerige en la brújula que nos guiará a todos contra la monarquía bubónica (me lo apropio, Beiras me lo perdonará), que se vende al mundo como ejemplo de desobediencia civil y democrática, vamos e investimos a un presidente cuyos hitos políticos han consistido en poner candados en los cubos de basura de Girona para que los pobres no rebuscaran comida dentro y dieran mala imagen, asistir a beatificaciones de monjas franquistas con el ministro Fernández Díaz y cargar a la factura del agua la compra por el Ayuntamiento de obras de arte.

Y claro, cualquiera de fuera del ecosistema me dirá: no cuela. Bueno, pues sí cuela. Ha vuelto a colar. Mucha artillería hay que tener para que cuele. Y la tienen. Voy a tratar de explicarlo. Soy madrileño. Vivo en Cataluña hace 8 años. Cuando llegué a Barcelona me encantaba la CUP y tenía esa imagen de Cataluña como lugar alejado de la cutrería política española, con cierto espíritu revolucionario, antipepero... En fin, que me había creído eso del “oasis”. Porque, y esto a mí al menos me parece muy acojonante, el régimen.cat (esto es otra apropiación, gracias Guillem Martínez) no sólo emite hacia dentro, también emite hacia fuera, y existe en Madrid toda una cohorte de izquierda guay que, para demostrar su pedigrí, debe defender a capa y espada a las izquierdas alternativas periféricas, ya sabéis, que si no eres un españolazo facha, franquista y bla, bla, bla. Defender implica defender a tope o, como mucho, callar si la cosa ya es tan escandalosa y se te sale tanto de la ógica que te estalla el cerebro si le das sólo un par de vueltas. Yo era bastante así.

He asistido a más manis en Barcelona en ocho años que en Madrid en toda mi vida. He ido a todas las que he podido, a muchas, muchas con cuatro gatos mal contados tirando huevos a la sede del PP de calle Urgell con mossos superándonos claramente en número (qué curioso, nunca vi manis indepes ahí, pero ese es otro tema). Y en muchas de esas manis me encontraba con David Fernàndez o Ada Colau, y me gustaba. Me emocioné con la sandalia de David a Rodrigo Rato y me encantó que le llamara mafioso a la cara, y también con la intervención de Ada en el Congreso contra el representante de la banca. 

Sin embargo, hay un punto de inflexión que me hace empezar a salir de la hipnosis (vamos a llamarlo así) y es el tremendo (porque fue tremendo) rapapolvo que echó Jordi Pujol a todos (A TODOS) los diputados del Parlament en la Comisión de investigación contra la corrupción. No sólo fue el rapapolvo, frente al que todos callaron o, a lo sumo, balbucearon algún sinsentido, sino el besamanos que se produjo después delante del atril del capo. La primera que se levantó a besar al padrino, Marta Rovira de ERC.

Después vino el abrazo fraterno entre David Fernàndez y Artur Mas, que fue defendido con uñas y dientes por los palmeros cuperos como un detalle que no les gustaba, pero que no era para tanto (lo oiréis mucho esto en la izquierda indepe catalana: “oye, no me gusta ni me entusiasma, pero...”), y luego otro abrazo, y otro, y otro... El último en una charla organizada por el diario indepe Vilaweb (a partir del minuto 46, mírala aquí) donde el entonces MHP aleccionaba a DF sobre cuál debía ser el papel de la CUP ante las “plebiscitarias” del 27S: básicamente depurar disidentes y laminar al que se separase "un milímetro" del eje nacional.

En estos tres últimos meses, uno de los principales defensores, no ya de que CDC siguiera cortando el bacalao en Cataluña, sino de que lo siguiera haciendo el propio Artur Mas, fue David Fernàndez, y en un premonitorio artículo en Ara “recomendó” a la CUP dar dos votos “al Procés” (Artur Mas pasó a llamarse Procés en ese momento).

Se cuentan muchas cosas por aquí, y como siempre, con el búnker informativo que sufrimos, tanto en Barcelona como en Madrid, no nos enteramos ni de la misa la mitad. Se dice que CDC financió a la CUP en sus inicios, que el propio Fernàndez se reunió con Jordi Pujol para explicarle qué era aquello del 15M... Como decía el mismo Pujol “diuen, diuen, diuen...”. Yo creo que la realidad incluso supera eso, pero es sólo una impresión, claro. Creo inverosímil firmar algo como lo que ha firmado la CUP sin que haya algo más detrás. ¿El qué? Ni lo sé ni me interesa. Me alegro de no ser parte de ello. Allá ellos con su responsabilidad.

Sí tengo algunas cosas claras porque lo viví: sé que, después de Madrid, probablemente el lugar donde el 15M recibió mayores ataques de los poderes dominantes fue Barcelona. Y con poderes dominantes aquí me refiero al independentismo hegemónico, que nunca tragó un movimiento que era realmente espontáneo y congregaba a esos a los que, ni CUP mediante, ellos logran llegar: las clases populares urbanas. Carod Rovira nos recomendó amablemente que nos fuéramos a mear a España

El éxito del discurso hegemónico catalán es que lo emite la derecha y lo compran amplísimas capas de la izquierda, incluso de la izquierda alternativa. Y lo acabamos de ver con la CUP, que estaban tan indignados con que un conseller de ICV mandara a sus policías a apalearnos que han acabado por investir a un presidente de CDC, hombre ya.

La CUP es la última fuerza política en Cataluña. Lo petan en Sant Cugat y el barrio de Gràcia pero no se comen un colín en el que debería ser su granero fundamental de votos: los barrios obreros de las ciudades. David Fernàndez se consagró como factótum del régimen presidiendo con orgullo una comisión de investigación (¡una comisión de investigación! ¿Desde cuándo ese artefacto sirvió de algo en España?) en el Parlament donde lo que pasó a ser más interesante en la izquierda indepe era qué camiseta llevaba David ese día. Volviendo a la sandalia de Rato, hace tiempo que caí en la cuenta de que sí, se la sacó a Rato (que en Cataluña pinta poco) y le llamó mafioso a la cara, pero nunca hizo un gesto ni remotamente parecido con ningún mafioso local, y mira que los hay. A Pujol  fue a recogerle a la puerta del Parlament y le acomodó en su silla amablemente. Para él no había sandalia. No las habrá nunca.

martes, 4 de agosto de 2015

Reflexiones de un madrileño en el país de los catalanes

1. En el año quinto de la era Mas, el independentismo empieza a ser una parodia de sí mismo. El mismo president que desinfló aquel procés que, llevado a sus últimas consecuencias el 9N, pudo ser una buena herramienta de ruptura, convirtiéndolo en un pastiche pactado con el PP en el que él mismo se investía en mártir del catalanismo a cambio de cuatro añitos más en el poder, ayer nos convocó a unas elecciones en las que habrá indepes y no indepes, y nos contarán a ver quien gana. De sanidad, de educación, de dependientes, de desahucios, de momento no han hablado.

Ayer TV3 entrevistó en prime time como "jefe de la oposición" a un señor que ha votado sin rechistar todos los recortes de CiU estos años y que ahora se presenta en la misma lista que ellos (y que además tiene unas ideas genetistas más que sospechosas a juzgar por esta perlita que escribió en 2008). Mientras, David Fernàndez decía esta mañana en RAC1 que sería deseable un voto independentista del 55%. Nunca oiréis a ningún miembro de la CUP pediros que no votéis a Mas, su barco es el mismo, así que no esperéis oposición dura al Govern por su parte. Les veréis llevarse las manos a la cabeza con el racismo de Albiol, sacarle una sandalia a Rodrigo Rato (expresidente de Bankia, banco que pinta tirando a poco en Cataluña) o en profundas diatribas con C's, pero con CiU y sus mariachis... poquito. Les oiréis también repetir el mantra de que el procés no pertenece a ninguna persona ni a ningún partido. Dulce sarcasmo cuando afrontamos que aquel señor que recortó el Estatut en una reunión con ZP renueve su mandato de calle.

A mediodía, este mismo señor, presidente de la comunidad líder estatal en desahucios, da una rueda de prensa donde nos dice que la oprimida Cataluña lidera los ránkings europeos de exportaciones, creación de empleo y crecimiento económico. La frivolidad de un niño rico que se dispone a seguir meándonos en la boca al menos cuatro añitos más.

2. Los sondeos aparecidos hasta hoy sobre el 27S dan vencedora a la Lista del Sí con C's como segunda fuerza. Mientras unos hablan de Ítaca y otros del artículo 155, los neoliberalismos patrios (los del sí y los del no) paladean el sueño de cuatro años más gobernando, esta vez ya sin barreras, golpeándose fuerte con los palos (acolchados) de sus banderas mientras siguen jodiendo la vida a los trabajadores, a los inmigrantes, a los pobres, a los dependientes.

Tres elecciones en cinco años, jugada maestra del padre de la patria que convierte un previsible destino de cuatro años sin pena ni gloria defenestrado por sus recortes en nueve años de regodeo y lecciones de democracia. Ni Esperanza Aguirre podía haberlo pensado mejor.

3. Las clases populares estamos solas, más que nunca, en Cataluña. Desde el independentismo se nos vende que el partido de las clases populares son las CUP, cuyo anterior portavoz, David Fernàndez, se abrazaba un día sí y otro también con el capo Mas y cuyo nuevo cabeza de lista, Antonio Baños, nos dice que un empleado de la SEAT tiene mejores condiciones laborales que un burgués. Por supuesto, no se comen ni un colín en los barrios populares de Barcelona y en su cinturón metropolitano. Triunfan en Sant Cugat (lo que sería un Pozuelo en Madrid) y en el ecosistema hipster de Gràcia. Candidaturas de Unidad Pija.

Por otro lado, la candidatura Catalunya Sí Que Es Pot elige un candidato poco conocido, sin tirón mediático y con poco espacio de tiempo para darse a conocer, lo que acentúa la sensación de abandono.

El mainstream mediático en Cataluña, a diferencia del español, aún chuta bastante y vende con bastante éxito la Cataluña independentista como la única Cataluña existente. No lo es. Existe cabreo y mucha polarización y, de momento, tiene un claro beneficiario: Ciutadans. Pero ojo con Albiol, que curiosamente también defiende que el 27S no va de izquierdas contra derechas. Es el candidato idóneo para Rajoy. También para Mas.

4. Cataluña necesita ruptura sí, pero precisamente de los que más hablan de ella. Romper los marcos neoliberales implica tumbar al PP, al PSC y a C'S, sí, pero también a la Lista del Sí y a sus comparsas de las CUP que desactivan la lucha popular como hizo el PCE en los 80.

Hoy David Fernàndez decía que para él Felip Puig no tenía ninguna legitimidad para hablar y que lo único que debía hacer era pedir perdón a Esther Quintana. El jefe de Felip Puig cuando un agente de los mossos dejó tuerta a Esther era Artur Mas, pero de él David no ha dicho nada. Silencios que matan.




viernes, 7 de noviembre de 2014

La izquierda catalana aún sigue con gafas de aluminio Telefunken


Llevo semanas preguntándome cómo es posible que en los sondeos y encuestas varias que se van publicando en España estemos viendo cada vez de forma más clara una posibilidad real de ruptura del sistema bipartidista y, con él, de todo el régimen del 78 y, sin embargo, dicha posibilidad aún no se atisbe en el mismo tipo de sondeos y encuestas varias publicadas en Catalunya.

Pues sí, en España ya aparece como primer discurso en intención de voto en las encuestas uno que habla de auditoría de la deuda, paralización de desahucios, renta básica ciudadana, transparencia en la actuación política y funcionamiento a través de códigos éticos para nuestros representantes públicos, entre muchas otras cosas. Esto, que no está pasando en ningún otro país de la UE salvo en Grecia, es histórico y nada usual. Que España esté eligiendo ese camino para salir de la crisis-estafa ya es, a priori, algo a celebrar. 

Catalunya no es una realidad ajena a la situación social que vive España y el resto de la Europa del Sur. Es la primera en número de desahucios practicados y la que ha impuesto los recortes más altos en toda la UE, superando proporcionalmente incluso a Grecia. Llegados a este punto, me pregunto ¿por qué ese mismo discurso, que ya triunfa en España, no lo hace en Catalunya? Observará el lector que hablo del discurso y no del actor que lo pronuncia, porque creo que ahí está la clave del "hecho diferencial" catalán. En Catalunya las CUP llevan ya tiempo defendiendo estas medidas a las que he hecho referencia y otras similares. Sin embargo, actualmente sólo cuentan con tres diputados en el Parlament y, aunque en los últimos sondeos como el del CEO muestran cierta subida, no les aúpan ni de lejos a los tres puestos de cabeza, ni soñar ya con el primero. En España el discurso al que aludo lo realiza Podemos, primero ya en intención de voto según Metroscopia y el CIS. ¿Por qué esta diferencia?

Mi teoría después de siete años viviendo aquí es que la izquierda independentista, deslumbrada ante la posibilidad de una consulta sobre la independencia, ha supeditado todo lo demás a que esta se celebre. Para analizar la realidad política ajena, se pone sus gafas y utiliza como criterio para verificar la validez de las propuestas de las distintas opciones presentes en la vida política catalana su posicionamiento ante la cuestión nacional. Si esta no es inequívocamente independentista los despachan con un "son unionistas" y a otra cosa. Me temo que son unas gafas estropeadas para analizar lo que está pasando por la cabeza de amplias capas de la población catalana. Y están estropeadas porque son las gafas que les ha prestado Artur Mas. Son gafas antiguas que les llevan a dar validez a la teoría del "primero la independencia y luego ya veremos" que, lejos de ser la propia de los partidos catalanes más a la derecha como parecería a simple vista, es adoptada así también por la izquierda independentista. Esta situación nos conduce a tener que ver que, aún a día de hoy y ante los sucesivos doblamientos de espinazo de Artur Mas ante el gobierno de Rajoy, las CUP han acudido a todas las reuniones y han salido en todas las fotos que aquel les ha pedido. Hemos llegado a ver incluso a David Fernàndez haciendo de voluntario telefónico junto a Francesc Homs para promocionar el 9N, cosa que hoy es impensable y chirría sobremanera a cualquiera que en otras partes del Estado quiera representar una alternativa popular a la política criminal que sufrimos. Yo puedo querer una Catalunya independiente, pero quiero que se me explique cómo será y veré si me convence. Desde luego, nunca me apuntaré a un proyecto donde las reuniones, las fotos y la iniciativa las tiene el representante de la burguesía catalana. Quiero una izquierda alternativa, no seguidista. Retroceder al 78, podéis retroceder solitos.

Se me dirá que las CUP han  luchado por esta consulta muchos años y que ahora no pueden echarse atrás. Entonces, ¿una consulta a cualquier precio? ¿Aunque no tenga ningún valor legal? ¿No nos merecemos los catalanes decidir sobre algo más que una cuestión nacional que no nos interpela por nuestra posición ante las injusticias sociales que nos joden la vida aquí y ahora?

Todo esto hace que se note ya cierto nerviosismo en esta izquierda catalana ante el surgimiento de Podemos (sí, parece que el nerviosismo no sólo está en el PPSOE) y ya se ha escuchado a Oriol Junqueras plantear ante la prensa internacional que los inversores internacionales podrán elegir entre los separatistas catalanes o "el partido antisistema Podemos", o a Manuel Delgado decir que Podemos puede convertirse en caballo de Troya del españolismo en Catalunya. Yo tengo una visión muy diferente: la de que un proceso liderado por dos partidos que llevan recortándonos derechos tres años y que aún hoy barrerían en las encuestas, apoyado por organizaciones pseudo-populares como la ANC y Omnium que no reponden más que a los intereses de lo más conservador de la sociedad catalana y donde las CUP y el resto de la izquierda catalana (si es que existe algo más) tienen el papel testimonial que hemos visto, es un proceso que favorece 1) a lo poco que queda del moribundo régimen del 78 en Madrid, pues aún nutre de votos de la carcundia más ultra al PPSOE y 2) a dos partidos catalanes que son puro status quo y que nunca han puesto en cuestión la necesidad de la austeridad y los recortes impuestos por la troika. ¿Alguien me puede explicar cuál es el papel de la izquierda aquí más allá de ser, como han sido hasta ahora, meros comparsas de este circo? ¿Quienes son los verdaderos caballos de Troya del españolismo? ¿Dejar Catalunya en manos de los herederos de los que siempre fueron franquistas y después se hicieron "catalans de casa bona" dejando la caspa franquista en Madrid? Por favor, un poco de reflexión.

Ante esta situación de miopía generalizada en la izquierda catalana me temo que el tsunami Podemos también les pasará por encima. Y no porque sea más o menos unionista, más o menos independentista, sino porque los problemas de los que habla su discuso, existen y mucho, en la sociedad catalana. Si no hay nadie que recoja aquí ese discurso con fuerza, con iniciativa y con voluntad de ganar, lejos de consensos castradores al lado de los que nos llevan pisando ya demasiado tiempo, que no se extrañen después de que la apisonadora les pase por encima. No sé quienes me leen, pero yo no quiero más "consenso" ni "unitat" en aras de "intereses de Estado", sea el español o el catalán, quiero alternativas, de las que ya se habla, y mucho, en España y de las que no se habla nada en las camarillas políticas y televisiones oficialistas de Catalunya (desde luego, sí en la calle). Ya está bien.

Los carteles de las CUP sobre el 9N insisten en su lema "Independencia para cambiarlo todo". Y yo me pregunto, ¿no nos iría mejor cambiarlo todo y después tener la independencia?