sábado, 29 de octubre de 2016

¿Por qué esto ya no es como 1978?


 Ya tenemos gobierno y, por primera vez en la historia, sustentado en una gran coalición neoliberal, con dos patas fundamentales, PP y PSOE, y una accesoria, C's, que desaparecerá en breve una vez cumplida su función: frenar a Podemos.

Pero también tenemos otras cosas. Por ejemplo, una ruptura de los grandes mantras que dominaban el discurso político desde la Transición. Uno de ellos es el del consenso, que revestía de prestigio (de manera quizá única en Europa) la laminación de la pluralidad política. Todo acuerdo en favor de la "gobernabilidad", la "estabilidad" o el "interés general" (otros grandes palabros del régimen) era y es loado por los grandes medios de comunicación aunque el mismo implique la desaparición de la disidencia. Desde el 78, como Rajoy se ha encargado de recordar al PSOE en esta última sesión de investidura, PP y PSOE han llegado a grandes "pactos de Estado" que se encargaban de fijar el marco de lo aceptable para el régimen. Hace 10 años solían quedar fuera de ellos minorías que no atemorizaban (al contrario, reforzaban) al régimen: la izquierda abertzale o ciertos ámbitos del independentismo catalán, quedando así el resto (los "demócratas") dentro y definiendo claramente entre los buenos y los malos. La tensión territorial nunca fue un tabú para el R78, y hoy es uno de los escasos resortes que aún le chuta un poco, gracias a la inestimable colaboración del establishment catalán y sus partidos vasallos, CDC y ERC.

El pacto de la Transición se basó en dos desmantelamientos en el seno de la izquierda: el del PCE, llevado a cabo por Santiago Carrillo (se atribuye a Felipe González esa maldad que dice que Carrillo logró en un par de años lo que Franco no consiguió en 40: acabar con el PCE) y el del PSOE, ejecutado por un grupo de jóvenes encabezados por Felipe González, formados en fundaciones alemanas y que liquidaron también en cuestión de dos años al viejo PSOE en el exilio de Llopis y compañía. Hoy, casualmente, González y Carrillo son las dos figuras más reivindicadas por las tres patas de la gran coalición: PP, PSOE Y C's (no se me olvida la ardorosa defensa que hizo Albert Rivera en la primera sesión de investidura del antaño "asesino de Paracuellos"). Santiago Carrillo dijo que sí a todo lo que se le puso sobre la mesa y, como premio, aguantó que le llamaran asesino hasta que murió. Así quiere la derecha española a la izquierda.

Sin embargo, por primera vez en 40 años aparece un partido de izquierda alternativa, Podemos junto a las confluencias, que dice NO. Dice NO, en primer lugar, a un pacto PSOE-C's que pretendía hacer pasar por medidas de "progreso" la subida del SMI en seis euros al mes y no tocar una legislación hipotecaria decimonónica escrita por y para los bancos que nos hace ser la vergüenza de Europa. Por supuesto, también dijo NO al pacto PP-C's, que en lo esencial tampoco se diferenciaba mucho del acordado por el PSOE. Haber dicho sí al primer pacto hubiera supuesto integrar a Podemos en el sistema, proceder a una serie de reformas cosméticas que no inquietaran lo más mínimo a las oligarquías, ejecutar más recortes y cerrar la crisis de régimen que se inició en 2011 con la irrupción del 15M. Un cierre por arriba al estilo de 1978, pues.

No ha sucedido y eso ha llevado a la ruptura de otra costura del régimen, un régimen que se basaba en el falso antagonismo entre PP y PSOE, muy peleados en las formas y, sin embargo, muy de acuerdo en el fondo a la hora de gobernar en favor de los intereses financieros. Al no poder integrar a Podemos, no les queda más remedio que gobernar juntos, quitándose las caretas. El régimen gana tiempo pero pierde aún más cerdibilidad. No hay cierre por arriba porque Podemos lo impide, lo cual, pese a todas las presiones, críticas y al rodillo mediático, es un éxito del que nos tenemos que sentir orgullosos. Se alarga el proceso de fin de época en el que seguimos inmersos pero no se cierra en falso como en el 78.

Como ha dicho hoy Pablo Iglesias en el Congreso, hay una nueva España joven y sin miedo que ya no tolera ser tratada como menor de edad. Que comprende que lo único que tenemos los ciudadanos que no somos millonarios ni rentistas son unas instituciones transparentes que defiendan nuestros intereses frente a los grandes poderes económicos. Esa España ya no lee esos periódicos en papel que se han convertido en gacetillas ridículas donde escriben señores mayores (sí, sobre todo señores, con una prosa muy cipotuda) airados contra el mundo, como en aquella escena de Los Simpson donde el abuelo se quejaba a gritos contra las nubes. Esa España ha leído libros de historia y no le chirría en absoluto que en el Congreso se hable de hechos históricos sufridos en este país como el terrorismo de Estado o la connivencia de la Casa Real con corruptos o golpistas. Y que se hable en serio, con ese "tono" (otro espantajo del régimen) que espanta a los que quieren que en el Congreso se siga hablando con el lenguaje de madera de un salón versallesco. Esa España clama por la igualdad de género y le resulta bizarro un personaje como Rafael Hernando, ese símbolo de la masculinidad de palillo en los dientes y bourbon que recuerda a aquel Saza vestido de guardia civil disparando a un Sol que no salía por donde él esperaba. 

Yo no pertenezco a la generación que hizo la Transición. Nací en 1978, me la encontré hecha. Quizá no tendría la prepotencia de echarles en cara los errores que cometieron (a toro pasado todo se ve más fácil). Lo que no aguanto es que, desde aquella generación (que hoy cobra o está a punto de cobrar su pensión gracias a un ejército de precarios con sueldos de 500 euros) se nos den lecciones de democracia. Siempre lo he dicho, y aquí lo he escrito también: el 23 de febrero de 1981 hubo un golpe de Estado en este país y no salió a defender la democracia a la calle ni Dios. No jodamos, por favor. Sólo les pido un ejercicio de empatía porque, repito, sus pensiones dependen de esos chavales de 20 años que esta noche estaban manifestándose delante del Congreso, no del PP ni del PSOE, que no tendrán ningún reparo (y lo veremos en breve) en empezar a recortarlas, y ya veremos en qué medida.

Sí, hablamos en el Congreso de manera diferente a ustedes, entendemos la politica de manera diferente a ustedes, hemos viajado, hemos emigrado, tenemos amigos en otros países, ganamos sueldos precarios pero hemos aprendido a protegernos y a utilizar nuestros saberes en red. Y en cinco años hemos herido de muerte a un régimen que se pensaba intocable en su prepotencia. Acostúmbrense a nosotros porque queremos gobernar este país.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Show me a hero and I'll write you a tragedy

A los que hayáis visto la miniserie de HBO "Show me a hero" os sonará el título de este post. A los que no, os la recomiendo como todas las demás del gran David Simon. No es que Pedro Sánchez me parezca un héroe, ni muchísimo menos, pero tampoco lo era el protagonista de la serie, basado en un personaje real, Nick Wasicsko, que llegó a ser alcalde de la ciudad de Yonkers y que, al igual que Sánchez, fue pasto de la máquina de picar carne que es un partido político de masas. Sánchez, a diferencia de Wasicsko, no llegó a tocar poder institucional alguno, pero ambos eran personajes anodinos dentro de sus partidos, con cierto atractivo físico, que fueron utilizados en un momento dado para ser candidatos y, sin solución de continuidad, defenestrados por los mismos que los auparon.

Sánchez no me parece un personaje digno de defensa. No se ha mostrado audaz más que cuando el filo de la navaja empezaba a rascarle y asomaba un hilito de sangre en su cuello. Contemporizó tanto que al final se vio arrasado por un régimen que, desgraciadamente, a día de hoy sigue manejado por personajes tan siniestros como Felipe González. El pánico cerval del sistema del 78 a que Podemos toque poder llevó a Sánchez a pactar con la derecha de C's y después tratar de presionar a la izquierda de Podemos, en lugar de hacerlo al revés como la lógica, la aritmética y el propio corazón de la izquierda hubieran pedido. Se plegó también al discurso de que no se podía siquiera hablar con nacionalistas catalanes o vascos mientras el PP nos hacía tragar como si tal cosa que Ana Pastor fuera nombrada presidenta del Congreso con los votos de esos mismos nacionalistas catalanes y vascos. Parece que estuvo a punto de plegarse también al discurso que le exigía la abstención frente a Rajoy en segunda votación de investidura pero ahí hubo un viraje y se salió del guión. A partir de ese momento, Sánchez se convierte en una interferencia para el sistema. Empiezan a aparecer editoriales en El País que lo destrozan (el historial de editoriales golpistas en El País, tanto de consumo interno como para las aún consideradas por el diario como provincias de Ultramar, es ya largo), los tertulianos de la peor derecha mediática empiezan a descubrir su amor por Felipe González y Susana Díaz y empieza a crearse ese clásico en España: la unanimidad de los medios, el rodillo cuando algo no les gusta y consideran que hay que acabar con ello (en ese sentido, los medios españoles son un órgano más del régimen, el único, podríamos decir, que aún funciona bien). Lo utilizan con Podemos cada vez que hay elecciones y no han dudado en utilizarlo con Sánchez. El miércoles 28 de septiembre, Felipe González es entrevistado en la Ser y dicha entrevista actúa como silbato de ultrasonidos para que grupillos de perritos falderos actúen por la tarde a las órdenes del capo. Adiós, Pedro Sánchez. Ya no nos gustas y el cuerpo nos pedía hacerte otro tamayazo. Esa misma tarde-noche, Felipe González desde Chile (ya sabemos de él que prefiere el Chile pinochetista a la Venezuela de Maduro) responde a los periodistas entre risas que él no es Dios. Escena truculenta y diálogo que suena a advertencia para aquellos que hemos intentado tumbar este régimen y no hemos podido, ahí sigue Felipe con sus gafas de sol, sus amigos contrabandistas y sus fosas comunes para pararnos los pies. Por la tarde en La Sexta y por la noche en 13TV entrevistan a Corcuera. A Corcuera! Y pide encarecidamente que se deje gobernar a Rajoy y defiende a Rita Barberá. Así estamos en España en 2016.

Lo que sucede en el PSOE tiene dos vertientes. Una es fundamental y es la crisis de la socialdemocracia en Europa que se hunde en sus propias contradicciones, empeñada en decir que gobierna para la gente mientras ejecuta escrupulosamente políticas dictadas por la troika. Lo vimos con Blair en Reino Unido, lo vemos en Francia cuando el gobierno Valls aprueba una reforma laboral basada en la española del PP, lo vemos con el PASOK griego, quizá el más próximo al PSOE en cuanto a su descomposición. Frente a ello, las clases populares, que se ven desprotegidas, abandonan esos partidos socialdemócratas y se refugian en otras opciones: en la mayoría de países europeos esas opciones están pasando por la extrema derecha: Francia, Holanda, Alemania, Hungría... Sólo España ofrece un modelo diferente, muy probablemente por la ruptura que supuso el 15M. Somos el único país donde la alternativa política a un sistema que está diseñado por y para los intereses financieros se ha articulado a través de un partido de izquierda. En eso seguimos siendo un ejemplo a seguir. Muchos estamos frustrados por no haber podido hacer más frente a este sistema podrido y nos frustramos más cada noche electoral cuando vemos que una mayoría social sigue votando a criminales. Pero tener 5 millones de votos y 71 diputados con un partido de izquierda alternativa es histórico y me consta que muchas izquierdas europeas nos miran con envidia y esperanza. Podemos fue un rayo de luz no sólo para mucha gente en España sino también en Europa: nos miraban en Reino Unido, en Francia, en Italia... Hoy todo parece algo más oscuro, pero no desperdiciemos lo que tenemos.

La segunda vertiente de lo que le sucede al PSOE es interna. El partido se está convirtiendo en un partido regional de Andalucía y Extremadura. Una especie de Convergencia i Unió del sur de España. Pero intentan seguir actuando como un partido estatal de mayorías. Un partido que gobernó Euskadi y ha llegado a tener la hegemonía en el poder local catalán (y a veces también en el autonómico) hoy es irrelevante en ambos territorios. Como el PP. Porque ambos tienen exactamente el mismo discurso en cuanto a la cuestión territorial. El PP se ha dado cuenta de que puede gobernar España sin Euskadi y Cataluña. El PSOE no puede. Y no se da cuenta. Susana Díaz está convencida de que se presentará a las generales y sacará un resultado como el de Felipe en el 82. Muy probablemente quedaría por debajo de los 85 de Sánchez. El PSOE se ha ido tanto a la derecha que ha perdido contacto, en primer lugar, con su propia militancia y, en segundo lugar, con el propio país. No entiende España, ni las desigualdades brutales que han surgido desde 2011 ni la necesidad de una nueva articulación territorial. 

El espectáculo al que estamos asistiendo estos días con el affaire Sánchez no se trata de una lucha por el poder en el PSOE. Si Sánchez hubiera dejado gobernar a Rajoy, hoy seguiría siendo secretario general y los barones sonreirían y le harían la pelota sin rubor. Se trata de la lucha por la gestación de una gran coalición neoliberal en España al servicio de la troika. Algo, por tanto, histórico. De ahí el lío mediático y el histerismo de tantos que la llevan anhelando hace meses. Está siendo un parto difícil pero parece que la criatura, aún con fórceps golpista (un método de alumbramiento que en España es muy utilizado), está saliendo. No hay un nervio social que pueda imperdirlo por el momento, así que Felipe y compañía siguen haciendo y deshaciendo a su antojo, despreciando al pueblo y sirviendo como mayordomos millonarios a sus amos banqueros, como siempre ha hecho la España oficial frente a una España popular que raras veces se ha alejado del "vivan las caenas".

Muchas cosas han pasado desde 2011. Muchas frustraciones y alguna que otra alegría. Pero cinco años no es nada en un ciclo histórico de cambio de época como el que vivimos. Sólo unas pocas cosas de las que estamos viendo quedarán en los libros de historia. Una será el 15M. El 28 de septiembre de 2016 será otra. Los dos lados del péndulo. Robespierre y Napoleón. Pero nos quedan muchas cosas por ver, llegarán más lentas de lo que querríamos muchos, pero llegarán.

domingo, 1 de mayo de 2016

Votar nunca será una mala noticia

Casi cuatro meses después vuelvo a este blog, después de mi última entrada que mostraba mi decepción con la actuación de la CUP en Cataluña, que se convirtió en muleta para que CDC gobernara de nuevo y pudiera refundarse sin problemas, en lo que fue el primer apuntalamiento exitoso del régimen ante su desmoronamiento que empezó en 2011. 

Sinceramente pensaba, y así se lo contaba por escrito y de palabra a quien tenía la paciencia de escucharme que a nivel estatal iba a pasar exactamente lo mismo, es decir, que si PP y PSOE, como sucedía efectivamente, sumaban mayoría absoluta, no iban a dejar pasar la oportunidad de gobernar juntos, con algún tipo de cambalache, vendiendo de nuevo la moto, apartando a Rajjoy como se apartó Mas, pero juntos. Y, sin embargo, no ha sido así. Y eso me da muchas esperanzas para el futuro.

¿Por qué no ha sido así? Pues creo que la causa fundamental es que si el PSOE hubiera accedido a hacerlo, habría salvado esta legislatiura pero para la siguiente estaría desaparecido, y si desaparece el PSOE, desaparece el régimen porque, como mucha gente ya se ha encargado de observar antes que yo, el PSOE (y no el PP) es el gran vertebrador del régimen del 78. Bien es cierto que ha intentado una gran coalición light con C's, esa importación del Procés catalán, que no sólo ha servido para mantener a flote a CDC sino que ha exportado a toda España una nueva derecha neoliberal y guapérrima. Cataluña es hoy el gran laboratorio de las derechas: no olvidemos que la gobierna una gran coalición neoliberal y que el primer partido de la oposición también es neoliberal. Caso diría que único en Europa. El sueño húmedo de la troika, Vargas Llosa y Esperanza  Aguirre juntos. En Cataluña esto fue posible porque por estos lares hay algo que chuta mucho y que en España ya no: las banderitas. Lo han intentado: la amenaza del "se rompe España" fue leit motiv en la campaña del 20D y lo explotaron y, como digo, C's surge de ahí, pero ni así ha sido suficiente para justificar una gran coalición PPSOE (ni siquiera para apuntalar una coalición PPC's). La banderita no tira para eso.

¿Y por qué digo que tengo ilusiones para el futuro? Porque tras meses leyendo, escuchando y sufriendo la bronca constante de los que ahora se erigen en representantes de aquella generación del 78, que no movió el culo del sofá cuando Tejero se plantó dando tiros en el Congreso (nota: Sampedro, por ejemplo, nunca se erigió en representante de nada y siempre nos acompañó y nos iluminó, por eso a él cada vez se le echa más de menos y a los Azúa, Marías y Muñoz Molinas, más de más. Fin de la nota), por una vez, y a dos días de la disolución de las Cámaras y convocatoria de nuevas elecciones (toquemos madera y que no pase nada, la sombra de Mas es alargada), la izquierda alternativa no ha tragado con las imposiciones de la derecha y, como dice Íñigo Errejón, desempatará el pueblo. Ahora nos tocará oir las quejas de los Marías y Azúas sobre lo caras que son las elecciones, la campaña y el engorro que es volver a votar. Un país que estuvo 40 años sin poder hacerlo y que inyectó 60.000 millones a los bancos sin rechistar, preocupado por gastarse 160 millones en mailings, papeletas y pancartas.

A mí me hace ilusión volver a votar y además me hace ilusión romper también este marco que es puro franquismo (votar es un engorro, el pluralismo es dañino, lo que mola es el pacto...). La política es, per se, confrontación y conflicto. Yo no voté para que mis representantes pactaran, voté para que ganaran. Y si no ganan y hay que pactar, quiero que defiendan mis intereses con firmeza, no que traguen con subidas del salario mínimo de 6 euros al mes, abaratamiento (aún más) del despido y mantenimiento de los desahucios tal cual están ahora. Para eso me da exactamente igual que siga el PP en el gobierno. Así que sí, yo les premio que no hayan tragado por una vez en 40 años, nunca se lo podría penalizar. Y, además, me han regalado otros dos meses de soñar con un país donde el partido más votado no sea una carterva de mafiosos impresentables. A por ellos.

martes, 12 de enero de 2016

Para CDC nuncá habrá sandalias



Pues ya tenemos nuevo presidente en Cataluña y, oh sorpresa, vuelve a ser un presidente de CDC. Ni siquiera de ERC, ni siquiera un “independiente”.  La diferencia no sería mucha ya que el consorcio JxS no deja de ser un ómnibus neoliberal pero al menos ofrecería una cierta ilusión de cambio. Ni eso nos han regalado los prohombres representantes de esas 400 familias que, no sólo mandan publicando sus normas en el DOGC, sino también aleccionándonos moralmente. Pudimos verlo este mismo domingo en el acuerdo firmado entre JxS y CUP que, conforme avanza por los distintos puntos, se va transformando de un acuerdo de investidura en un cilicio en prosa. Enric Juliana habla de la gente de la CUP como franciscanos políticos y a ciertos franciscanos eso del "Penitenciagite, Penitenciagite", pues les pone. 

Tampoco invento nada si digo que en la política catalana el relato no es que sea importante, es que es importantísimo. Mucho más, si cabe, que las acciones políticas en sí. El relato lo domina todo: las teles públicas, los periódicos paniaguados y los Marhuendas patrios (que los hay) se encargan de vociferarlo. ¿Y qué nos viene a decir el relato mainstream catalán impuesto desde 1978 por CDC y sus mariachis? Pues algo que, creo, en cualquier otro lugar del mundo con una prensa relativamente libre y una sociedad civil digna de tal nombre, duraría lo que un bizcocho en la puerta de un colegio. El mensaje es, atención: Cataluña es un lugar que ansía cambios. No sólo eso, es el motor del cambio político en España. Ahora ya incluso quiere la independencia. Casi ná. Pero, curiosamente, y a la vez, se empeña en permanecer siendo un reducto neoliberal gobernado por la misma derecha desde 1978 (considero los dos tripartitos un paréntesis de quiero-y-no-puedo precisamente por subordinarse sus miembros al marco hegemónico en lugar de intentar romperlo). CDC ha gobernado 28 de los 37 años de “democracia” que llevamos, y de momento, ya han logrado un año más.

Desde que comenzó la mal llamada crisis económica allá por 2008, en España hemos asistido a ver cómo gente se tiraba por la ventana por la asfixia de los bancos, ancianos analfabetos estafados con preferentes, despidos masivos e infinitos casos de robo de dinero público a manos llenas por parte de nuestros “representantes”. Ocho años ya. También hemos vivido un 15 M, que introdujo, por primera vez en el país desde 1978, una remodelación de marcos mentales y políticos desde abajo cuyos efectos, afortunadamente, aún perduran si bien no han sido suficientes para tumbar al régimen.

En estas llegamos a enero de 2016 en Cataluña, y nos encontramos con que, en el lugar que (dice que) ansía más cambios, que se autoerige en la brújula que nos guiará a todos contra la monarquía bubónica (me lo apropio, Beiras me lo perdonará), que se vende al mundo como ejemplo de desobediencia civil y democrática, vamos e investimos a un presidente cuyos hitos políticos han consistido en poner candados en los cubos de basura de Girona para que los pobres no rebuscaran comida dentro y dieran mala imagen, asistir a beatificaciones de monjas franquistas con el ministro Fernández Díaz y cargar a la factura del agua la compra por el Ayuntamiento de obras de arte.

Y claro, cualquiera de fuera del ecosistema me dirá: no cuela. Bueno, pues sí cuela. Ha vuelto a colar. Mucha artillería hay que tener para que cuele. Y la tienen. Voy a tratar de explicarlo. Soy madrileño. Vivo en Cataluña hace 8 años. Cuando llegué a Barcelona me encantaba la CUP y tenía esa imagen de Cataluña como lugar alejado de la cutrería política española, con cierto espíritu revolucionario, antipepero... En fin, que me había creído eso del “oasis”. Porque, y esto a mí al menos me parece muy acojonante, el régimen.cat (esto es otra apropiación, gracias Guillem Martínez) no sólo emite hacia dentro, también emite hacia fuera, y existe en Madrid toda una cohorte de izquierda guay que, para demostrar su pedigrí, debe defender a capa y espada a las izquierdas alternativas periféricas, ya sabéis, que si no eres un españolazo facha, franquista y bla, bla, bla. Defender implica defender a tope o, como mucho, callar si la cosa ya es tan escandalosa y se te sale tanto de la ógica que te estalla el cerebro si le das sólo un par de vueltas. Yo era bastante así.

He asistido a más manis en Barcelona en ocho años que en Madrid en toda mi vida. He ido a todas las que he podido, a muchas, muchas con cuatro gatos mal contados tirando huevos a la sede del PP de calle Urgell con mossos superándonos claramente en número (qué curioso, nunca vi manis indepes ahí, pero ese es otro tema). Y en muchas de esas manis me encontraba con David Fernàndez o Ada Colau, y me gustaba. Me emocioné con la sandalia de David a Rodrigo Rato y me encantó que le llamara mafioso a la cara, y también con la intervención de Ada en el Congreso contra el representante de la banca. 

Sin embargo, hay un punto de inflexión que me hace empezar a salir de la hipnosis (vamos a llamarlo así) y es el tremendo (porque fue tremendo) rapapolvo que echó Jordi Pujol a todos (A TODOS) los diputados del Parlament en la Comisión de investigación contra la corrupción. No sólo fue el rapapolvo, frente al que todos callaron o, a lo sumo, balbucearon algún sinsentido, sino el besamanos que se produjo después delante del atril del capo. La primera que se levantó a besar al padrino, Marta Rovira de ERC.

Después vino el abrazo fraterno entre David Fernàndez y Artur Mas, que fue defendido con uñas y dientes por los palmeros cuperos como un detalle que no les gustaba, pero que no era para tanto (lo oiréis mucho esto en la izquierda indepe catalana: “oye, no me gusta ni me entusiasma, pero...”), y luego otro abrazo, y otro, y otro... El último en una charla organizada por el diario indepe Vilaweb (a partir del minuto 46, mírala aquí) donde el entonces MHP aleccionaba a DF sobre cuál debía ser el papel de la CUP ante las “plebiscitarias” del 27S: básicamente depurar disidentes y laminar al que se separase "un milímetro" del eje nacional.

En estos tres últimos meses, uno de los principales defensores, no ya de que CDC siguiera cortando el bacalao en Cataluña, sino de que lo siguiera haciendo el propio Artur Mas, fue David Fernàndez, y en un premonitorio artículo en Ara “recomendó” a la CUP dar dos votos “al Procés” (Artur Mas pasó a llamarse Procés en ese momento).

Se cuentan muchas cosas por aquí, y como siempre, con el búnker informativo que sufrimos, tanto en Barcelona como en Madrid, no nos enteramos ni de la misa la mitad. Se dice que CDC financió a la CUP en sus inicios, que el propio Fernàndez se reunió con Jordi Pujol para explicarle qué era aquello del 15M... Como decía el mismo Pujol “diuen, diuen, diuen...”. Yo creo que la realidad incluso supera eso, pero es sólo una impresión, claro. Creo inverosímil firmar algo como lo que ha firmado la CUP sin que haya algo más detrás. ¿El qué? Ni lo sé ni me interesa. Me alegro de no ser parte de ello. Allá ellos con su responsabilidad.

Sí tengo algunas cosas claras porque lo viví: sé que, después de Madrid, probablemente el lugar donde el 15M recibió mayores ataques de los poderes dominantes fue Barcelona. Y con poderes dominantes aquí me refiero al independentismo hegemónico, que nunca tragó un movimiento que era realmente espontáneo y congregaba a esos a los que, ni CUP mediante, ellos logran llegar: las clases populares urbanas. Carod Rovira nos recomendó amablemente que nos fuéramos a mear a España

El éxito del discurso hegemónico catalán es que lo emite la derecha y lo compran amplísimas capas de la izquierda, incluso de la izquierda alternativa. Y lo acabamos de ver con la CUP, que estaban tan indignados con que un conseller de ICV mandara a sus policías a apalearnos que han acabado por investir a un presidente de CDC, hombre ya.

La CUP es la última fuerza política en Cataluña. Lo petan en Sant Cugat y el barrio de Gràcia pero no se comen un colín en el que debería ser su granero fundamental de votos: los barrios obreros de las ciudades. David Fernàndez se consagró como factótum del régimen presidiendo con orgullo una comisión de investigación (¡una comisión de investigación! ¿Desde cuándo ese artefacto sirvió de algo en España?) en el Parlament donde lo que pasó a ser más interesante en la izquierda indepe era qué camiseta llevaba David ese día. Volviendo a la sandalia de Rato, hace tiempo que caí en la cuenta de que sí, se la sacó a Rato (que en Cataluña pinta poco) y le llamó mafioso a la cara, pero nunca hizo un gesto ni remotamente parecido con ningún mafioso local, y mira que los hay. A Pujol  fue a recogerle a la puerta del Parlament y le acomodó en su silla amablemente. Para él no había sandalia. No las habrá nunca.

martes, 4 de agosto de 2015

Reflexiones de un madrileño en el país de los catalanes

1. En el año quinto de la era Mas, el independentismo empieza a ser una parodia de sí mismo. El mismo president que desinfló aquel procés que, llevado a sus últimas consecuencias el 9N, pudo ser una buena herramienta de ruptura, convirtiéndolo en un pastiche pactado con el PP en el que él mismo se investía en mártir del catalanismo a cambio de cuatro añitos más en el poder, ayer nos convocó a unas elecciones en las que habrá indepes y no indepes, y nos contarán a ver quien gana. De sanidad, de educación, de dependientes, de desahucios, de momento no han hablado.

Ayer TV3 entrevistó en prime time como "jefe de la oposición" a un señor que ha votado sin rechistar todos los recortes de CiU estos años y que ahora se presenta en la misma lista que ellos (y que además tiene unas ideas genetistas más que sospechosas a juzgar por esta perlita que escribió en 2008). Mientras, David Fernàndez decía esta mañana en RAC1 que sería deseable un voto independentista del 55%. Nunca oiréis a ningún miembro de la CUP pediros que no votéis a Mas, su barco es el mismo, así que no esperéis oposición dura al Govern por su parte. Les veréis llevarse las manos a la cabeza con el racismo de Albiol, sacarle una sandalia a Rodrigo Rato (expresidente de Bankia, banco que pinta tirando a poco en Cataluña) o en profundas diatribas con C's, pero con CiU y sus mariachis... poquito. Les oiréis también repetir el mantra de que el procés no pertenece a ninguna persona ni a ningún partido. Dulce sarcasmo cuando afrontamos que aquel señor que recortó el Estatut en una reunión con ZP renueve su mandato de calle.

A mediodía, este mismo señor, presidente de la comunidad líder estatal en desahucios, da una rueda de prensa donde nos dice que la oprimida Cataluña lidera los ránkings europeos de exportaciones, creación de empleo y crecimiento económico. La frivolidad de un niño rico que se dispone a seguir meándonos en la boca al menos cuatro añitos más.

2. Los sondeos aparecidos hasta hoy sobre el 27S dan vencedora a la Lista del Sí con C's como segunda fuerza. Mientras unos hablan de Ítaca y otros del artículo 155, los neoliberalismos patrios (los del sí y los del no) paladean el sueño de cuatro años más gobernando, esta vez ya sin barreras, golpeándose fuerte con los palos (acolchados) de sus banderas mientras siguen jodiendo la vida a los trabajadores, a los inmigrantes, a los pobres, a los dependientes.

Tres elecciones en cinco años, jugada maestra del padre de la patria que convierte un previsible destino de cuatro años sin pena ni gloria defenestrado por sus recortes en nueve años de regodeo y lecciones de democracia. Ni Esperanza Aguirre podía haberlo pensado mejor.

3. Las clases populares estamos solas, más que nunca, en Cataluña. Desde el independentismo se nos vende que el partido de las clases populares son las CUP, cuyo anterior portavoz, David Fernàndez, se abrazaba un día sí y otro también con el capo Mas y cuyo nuevo cabeza de lista, Antonio Baños, nos dice que un empleado de la SEAT tiene mejores condiciones laborales que un burgués. Por supuesto, no se comen ni un colín en los barrios populares de Barcelona y en su cinturón metropolitano. Triunfan en Sant Cugat (lo que sería un Pozuelo en Madrid) y en el ecosistema hipster de Gràcia. Candidaturas de Unidad Pija.

Por otro lado, la candidatura Catalunya Sí Que Es Pot elige un candidato poco conocido, sin tirón mediático y con poco espacio de tiempo para darse a conocer, lo que acentúa la sensación de abandono.

El mainstream mediático en Cataluña, a diferencia del español, aún chuta bastante y vende con bastante éxito la Cataluña independentista como la única Cataluña existente. No lo es. Existe cabreo y mucha polarización y, de momento, tiene un claro beneficiario: Ciutadans. Pero ojo con Albiol, que curiosamente también defiende que el 27S no va de izquierdas contra derechas. Es el candidato idóneo para Rajoy. También para Mas.

4. Cataluña necesita ruptura sí, pero precisamente de los que más hablan de ella. Romper los marcos neoliberales implica tumbar al PP, al PSC y a C'S, sí, pero también a la Lista del Sí y a sus comparsas de las CUP que desactivan la lucha popular como hizo el PCE en los 80.

Hoy David Fernàndez decía que para él Felip Puig no tenía ninguna legitimidad para hablar y que lo único que debía hacer era pedir perdón a Esther Quintana. El jefe de Felip Puig cuando un agente de los mossos dejó tuerta a Esther era Artur Mas, pero de él David no ha dicho nada. Silencios que matan.




jueves, 30 de abril de 2015

Podemos, no os suméis al club

En febrero de 2014 me ilusioné con el nacimiento de Podemos. Conocía a Pablo Iglesias, Errejón, Monedero... de sus debates en La Tuerka y Fort Apache y me pareció que su salto a las teles generalistas fue una de las mejores cosas que pasaron en el páramo de legislatura que nos estaba dejando el PP. 

Les voté en las europeas tras ver a Pablo Iglesias en un mítin en plaça Universitat en el que éramos cuatro y el del tambor. Les voté, pero tenía serias dudas de que sacaran más de un escaño, si llegaban. Sacaron cinco y aquella noche fue de alegría y subidón. Empecé a sentir que sí se podía. La sensación creció cuando empezaron a aparecer sondeos donde Podemos oscilaba entre la primera y la segunda fuerza política del país con un discurso agresivo que incluía elementos como la auditoría de la deuda española, el impago de la considerada ilegítima, la renta básica ciudadana, el fin de los desahucios... Un discurso rompedor que lo petaba en las teles (aún recuerdo a la presentadora de Un Tiempo Nuevo en Telecinco implorando a Monedero que acudiera más a menudo) y parecía que también en la arena electoral. Un sueño, vamos.

Desde ese momento, no existió para mí más herramienta de cambio desde lo institucional (no olvido el cambio desde la calle, que es fundamental, pero ya he hablado mucho de él por aquí) que Podemos. Nunca milité en ningún partido pero, desencantado como estaba con la izquierda alternativa catalana, siempre fascinada por las élites burguesas de CiU que dominaban el país con Franco y en los 40 años posteriores, y con la supuesta "pureza" de IU, que nunca se comió una rosca porque estaba demasiado cómoda en su 8-10% de votos, Podemos fue para mí un soplo de aire que traía reminiscencias del 15M y en el que colaboraba gente a la que admiraba y leía desde hacía tiempo. Estuve en la Asamblea de Vistalegre en octubre y escuché a Santiago Alba Rico hablar de aquellos agujeros que entre todos íbamos a llenar con más democracia, como esos griegos locos que tanto asustaban a los persas.

Sin embargo, van pasando los meses y el partido empieza a difuminarse y empiezo a ver cosas que, sin considerarlas graves, me empieza a costar defender o justificar, y que creo que están en la base de los males que hoy aquejan al partido, ahí van:

1. La progresiva desaparición de sus tres fundadores de la primera línea de fuego mediático. A raíz del "caso Monedero", del "caso Errejón" y de los continuos ataques de los medios utilizando el espantajo de Venezuela como ariete parece que se toma la decisión de esconderse y capear el temporal desde atrás. No soy partidario de personalismos en política, y creo que una de las principales virtudes de Podemos es que nació como herramienta de cambio para los de abajo, pero no niego el valor que tiene que tres personas de gran valía intelectual como Iglesias, Errejón y Monedero salgan en las teles a desgranar un discurso bien elaborado ante energúmenos de la derecha histérica y neoliberal que acaban retratándose a sí mismos como los cretinos que son. Siempre consideré que el principal activo de Podemos es su discurso y su proyecto pero el valor de los tres "altavoces" principales de dicho proyecto es fundamental, porque lo hacían (y lo hacen) muy bien. Siempre me han resultado graciosos esos "activistas" que ser ríen cínicamente de los personalismos, que critican que se salga en esas teles que emiten programas basura, que lo miran todo desde la distancia intelectual y, por tanto, desde el mayor de los clasismos. Muchas veces me pregunto si esa gente no tiene abuelos, no compra el pan, no habla con la gente de la calle y realmente no sabe cómo vive una gran cantidad de gente la política en España: a través de la tele e identificándose con líderes (sí, la mayoría de gente de 50 para arriba ni tiene twitter ni le importa un pito si las decisiones de los partidos son asamblearias o por mayoría cualificada).

Paralelamente, empiezo a ver cosas "raritas" que no me gustan un pelo y que trato de entender pero no alcanzo a hacerlo del todo: la reunión con Zapatero y Bono, los lamentos porque Susana Díaz no les coge el teléfono (cuando no veo razón alguna para tener que facilitarle a esta señora la investidura, sea con o sin condiciones) o el "regalito" del dvd al rey. De nuevo me aparece el fantasma de la fascinación ante los engranajes del poder y sus élites que tanto detesto y al que nos tiene tan acostumbrados la "izquierda" catalana.

Mientras escribo esto veo que Monedero ha presentado la dimisión de todos sus cargos tras declarar esta mañana en una entrevista que se sentía "traicionado" por el partido, que cada vez se parecía más  a aquello contra lo que luchaban, y también me parece "rarito". Últimamente muchas cosas en Podemos me parecen raras en lugar de ilusionantes y eso no mola.

2. El abandono de las candidaturas de unidad popluar a nivel autonómico o incluso estatal en favor de un "nosotros solos" que cada día parece un rumbo más equivocado. Que antes haya dicho que IU estaba estancada y no me atraía no significa que niegue la importancia de la labor que han realizado en esa formación personas como Alberto Garzón y Tania Sánchez. Considero a ambos activos importantísimos para un posible "asalto" a las instituciones y la jugada según la cual Sánchez ha terminado fuera de toda posible candidatura en Madrid, teniendo muchísimo potencial para poder haber sido una gran presidenta de la CAM me parece uno de los eventos más rocambolescos y decepcionantes que hemos vivido estos meses. 

Que las candidaturas de unidad popular, aun con problemas en su formación, pueden funcionar bien y chutar mucho en lo electoral lo demuestra Barcelona en Comú, que oscila entre el primer y segundo puesto en los sondeos para la alcaldía de Barcelona. Si aquí hemos sido capaces, ¿por qué no intentarlo a nivel estatal? Toda ayuda es poca y no valen egocentrismos desatados. Hay que reunir muchos votos para ganar a la derecha, muchos, y aún estamos a tiempo.

3. Al contrario de algunos análisis que he leído por ahí, no creo que la aparición de Ciudadanos haya sido causa del declive de Podemos, sino consecuencia. Desde el momento en que el discurso sobre la deuda desaparece, el de renta básica se suaviza y el de desahucios, no sabe, no contesta, si aparece otro partido que aprovecha el boquete que has abierto tú y empieza a ocupar tus vacíos (deliberados) y a tapar tus silencios (también deliberados) empezará a tomar posiciones que ya habías ganado tú pero que habías dejado desatendidas. El discurso de Ciudadanos es idéntico (o peor) que el del PP pero lo revisten de marcos introducidos por Podemos (el desencanto, la lucha contra la corrupción, la transparencia...) y chuta. Chuta por lo mismo que decía en el primer punto: tele+liderazgo fuerte. Chuta.

No puedo hablar por todos los votantes y simpatizantes de Podemos, claro, pero desde luego que en mi caso no los elegí ni para ser el PSOE 2.0 ni para ser una nueva bisagra estilo IU. Los elegí para ganar. Y doy por supuesto que ellos eran conscientes desde el principio de las dificultades y obstáculos que pondría el régimen, sin que ello implicara que a las primeras de cambio fueran a echar el freno buscando la moderación. De hecho, con su primer discurso más agresivo tenían el 30% de estimación de voto y ahora rondan el 15-20%. Necesitamos alternativas imaginativas, discursos rupturistas bien contados en prime time, llevar la iniciativa de la agenda y destrozar los marcos del sistema para crear otros nuevos. ¿Difícil? Dificilísimo, pero chavales, lo estabáis empezando a conseguir y me niego a que eso pare. Ahora no. Porque me da la sensación de que sois vosotros los que paráis, y no de que os estén parando, y no me mola. Sorprendednos, sed audaces e id a por todas. Si os dais el batacazo, que sea después de las elecciones, nunca antes, joder.

Supongo que todo esto no llegará a nadie de Podemos y en realidad lo he escrito para desahogarme un poco, pero desde este humilde espacio sólo quiero decir que sigo pensando que sí se puede y que estábais (estábamos) en ello. Nadie dijo que fuera a ser fácil, pero de renuncias y vendidos es de lo que estamos hartos en este país. No os suméis al club.



viernes, 7 de noviembre de 2014

La izquierda catalana aún sigue con gafas de aluminio Telefunken


Llevo semanas preguntándome cómo es posible que en los sondeos y encuestas varias que se van publicando en España estemos viendo cada vez de forma más clara una posibilidad real de ruptura del sistema bipartidista y, con él, de todo el régimen del 78 y, sin embargo, dicha posibilidad aún no se atisbe en el mismo tipo de sondeos y encuestas varias publicadas en Catalunya.

Pues sí, en España ya aparece como primer discurso en intención de voto en las encuestas uno que habla de auditoría de la deuda, paralización de desahucios, renta básica ciudadana, transparencia en la actuación política y funcionamiento a través de códigos éticos para nuestros representantes públicos, entre muchas otras cosas. Esto, que no está pasando en ningún otro país de la UE salvo en Grecia, es histórico y nada usual. Que España esté eligiendo ese camino para salir de la crisis-estafa ya es, a priori, algo a celebrar. 

Catalunya no es una realidad ajena a la situación social que vive España y el resto de la Europa del Sur. Es la primera en número de desahucios practicados y la que ha impuesto los recortes más altos en toda la UE, superando proporcionalmente incluso a Grecia. Llegados a este punto, me pregunto ¿por qué ese mismo discurso, que ya triunfa en España, no lo hace en Catalunya? Observará el lector que hablo del discurso y no del actor que lo pronuncia, porque creo que ahí está la clave del "hecho diferencial" catalán. En Catalunya las CUP llevan ya tiempo defendiendo estas medidas a las que he hecho referencia y otras similares. Sin embargo, actualmente sólo cuentan con tres diputados en el Parlament y, aunque en los últimos sondeos como el del CEO muestran cierta subida, no les aúpan ni de lejos a los tres puestos de cabeza, ni soñar ya con el primero. En España el discurso al que aludo lo realiza Podemos, primero ya en intención de voto según Metroscopia y el CIS. ¿Por qué esta diferencia?

Mi teoría después de siete años viviendo aquí es que la izquierda independentista, deslumbrada ante la posibilidad de una consulta sobre la independencia, ha supeditado todo lo demás a que esta se celebre. Para analizar la realidad política ajena, se pone sus gafas y utiliza como criterio para verificar la validez de las propuestas de las distintas opciones presentes en la vida política catalana su posicionamiento ante la cuestión nacional. Si esta no es inequívocamente independentista los despachan con un "son unionistas" y a otra cosa. Me temo que son unas gafas estropeadas para analizar lo que está pasando por la cabeza de amplias capas de la población catalana. Y están estropeadas porque son las gafas que les ha prestado Artur Mas. Son gafas antiguas que les llevan a dar validez a la teoría del "primero la independencia y luego ya veremos" que, lejos de ser la propia de los partidos catalanes más a la derecha como parecería a simple vista, es adoptada así también por la izquierda independentista. Esta situación nos conduce a tener que ver que, aún a día de hoy y ante los sucesivos doblamientos de espinazo de Artur Mas ante el gobierno de Rajoy, las CUP han acudido a todas las reuniones y han salido en todas las fotos que aquel les ha pedido. Hemos llegado a ver incluso a David Fernàndez haciendo de voluntario telefónico junto a Francesc Homs para promocionar el 9N, cosa que hoy es impensable y chirría sobremanera a cualquiera que en otras partes del Estado quiera representar una alternativa popular a la política criminal que sufrimos. Yo puedo querer una Catalunya independiente, pero quiero que se me explique cómo será y veré si me convence. Desde luego, nunca me apuntaré a un proyecto donde las reuniones, las fotos y la iniciativa las tiene el representante de la burguesía catalana. Quiero una izquierda alternativa, no seguidista. Retroceder al 78, podéis retroceder solitos.

Se me dirá que las CUP han  luchado por esta consulta muchos años y que ahora no pueden echarse atrás. Entonces, ¿una consulta a cualquier precio? ¿Aunque no tenga ningún valor legal? ¿No nos merecemos los catalanes decidir sobre algo más que una cuestión nacional que no nos interpela por nuestra posición ante las injusticias sociales que nos joden la vida aquí y ahora?

Todo esto hace que se note ya cierto nerviosismo en esta izquierda catalana ante el surgimiento de Podemos (sí, parece que el nerviosismo no sólo está en el PPSOE) y ya se ha escuchado a Oriol Junqueras plantear ante la prensa internacional que los inversores internacionales podrán elegir entre los separatistas catalanes o "el partido antisistema Podemos", o a Manuel Delgado decir que Podemos puede convertirse en caballo de Troya del españolismo en Catalunya. Yo tengo una visión muy diferente: la de que un proceso liderado por dos partidos que llevan recortándonos derechos tres años y que aún hoy barrerían en las encuestas, apoyado por organizaciones pseudo-populares como la ANC y Omnium que no reponden más que a los intereses de lo más conservador de la sociedad catalana y donde las CUP y el resto de la izquierda catalana (si es que existe algo más) tienen el papel testimonial que hemos visto, es un proceso que favorece 1) a lo poco que queda del moribundo régimen del 78 en Madrid, pues aún nutre de votos de la carcundia más ultra al PPSOE y 2) a dos partidos catalanes que son puro status quo y que nunca han puesto en cuestión la necesidad de la austeridad y los recortes impuestos por la troika. ¿Alguien me puede explicar cuál es el papel de la izquierda aquí más allá de ser, como han sido hasta ahora, meros comparsas de este circo? ¿Quienes son los verdaderos caballos de Troya del españolismo? ¿Dejar Catalunya en manos de los herederos de los que siempre fueron franquistas y después se hicieron "catalans de casa bona" dejando la caspa franquista en Madrid? Por favor, un poco de reflexión.

Ante esta situación de miopía generalizada en la izquierda catalana me temo que el tsunami Podemos también les pasará por encima. Y no porque sea más o menos unionista, más o menos independentista, sino porque los problemas de los que habla su discuso, existen y mucho, en la sociedad catalana. Si no hay nadie que recoja aquí ese discurso con fuerza, con iniciativa y con voluntad de ganar, lejos de consensos castradores al lado de los que nos llevan pisando ya demasiado tiempo, que no se extrañen después de que la apisonadora les pase por encima. No sé quienes me leen, pero yo no quiero más "consenso" ni "unitat" en aras de "intereses de Estado", sea el español o el catalán, quiero alternativas, de las que ya se habla, y mucho, en España y de las que no se habla nada en las camarillas políticas y televisiones oficialistas de Catalunya (desde luego, sí en la calle). Ya está bien.

Los carteles de las CUP sobre el 9N insisten en su lema "Independencia para cambiarlo todo". Y yo me pregunto, ¿no nos iría mejor cambiarlo todo y después tener la independencia?

martes, 10 de septiembre de 2013

El 'efecto Buenos Aires' o la lenta caída de un régimen

Asistimos el pasado sábado a uno de esos momentos-interferencia de los que van abundando cada vez más ultimamente y de los que me gusta hablar en este blog. Los llamo así porque suponen interferencias en el discurso oficial, monolítico, único, que se nos ofrece tanto desde ámbitos institucionales como periodísticos. Un discurso que, bajo palabras plúmbeas y revestidas de una falsa solemnidad como "pragmatismo", "responsabilidad" o "sentido de Estado", intenta acotarnos cada vez más las posibilidades de soñar con nuevas posibilidades de vida en común, imponiéndonos los marcos del debate y limitando las alternativas del mismo. Eres libre, nos dicen, elige entre las posibilidades de debate que nosotros te damos, pero no salgas de ahí o serás populista, terrorista o antisistema.

Pues bien, el sábado asistimos a un fenómeno que dejó en evidencia, de golpe, y en sólo una tarde, a todo el establishment español y a lo que el periodista Guillem Martínez ha denominado Cultura de la Transición (CT). De repente, y como si esos buenos aires argentinos hubieran causado un efecto extraño en nuestros representantes, estos aparecían ante nuestros ojos sin filtros, y no salieron nada bien parados.  ¿Y qué son esos filtros a los que me refiero? Creo que para ilustrarlo, nada mejor que un vídeo y después seguimos.

 

Efectivamente, esas risas de los periodistas ante un presidente de Gobierno que se niega a contestar una pregunta son uno de esos filtros, de baja intensidad, imperceptibles, que pasan como pequeños detalles cotidianos, pero que al final nos transmiten la idea de que no es tan grave que un representante público no responda las preguntas de los periodistas en un Estado democrático porque, al fin y al cabo, no es mala persona y hasta, a veces, es gracioso.

En Buenos Aires nadie se rió ante esto:



El sábado, la delegación española apareció como un grupo de señoritos antiguos, de esos de casino decimonónico, o como esos turistas españoles que viajan al extranjero y gritan en español al camarero que les atiende, sorprendidos de que no les entienda. Aparecieron como lo que son. No es de extrañar que, tras terminar el acto, Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid y su consejera de Educación, Lucía Figar, salieran en desbandada en el jet privado de Florentino Pérez. Todos pertenecen al mismo club y se encuentran en las antípodas de lo que es hoy el 99% de la ciudadanía española.

El que desde ahora será conocido como 'efecto Buenos Aires' hizo que, pese a contar con toda una apisonadora mediática puesta al servicio de vender unos Juegos Olímpicos en Madrid como algo absolutamente necesario para el progreso de la ciudad y, por extensión, del país, no se pudo contrarrestar la imagen chusca, prepotente y profundamente antigua que los gobiernos central, autonómico y local (junto a la ínclita clase empresarial, vampiros de dinero público siempre acechantes de su presa) nos ofrecieron en nuestras televisiones. 

Tres días después, cada vez más periodistas del régimen (¿cuántos periodistas iban entre los 180 delegados españoles con gastos pagados con nuestros impuestos?), arrastrados por una realidad que se niegan a aceptar, empiezan a asumir que la ciudad más endeudada de España (alrededor de 6.500 millones de euros), en la que hay niños que empezarán este curso en barracones o en la que plantas enteras de hospitales se están cerrando y facultativos están siendo despedidos por los recortes antisociales de su gobierno, quizá no fuera la más indicada para celebrar unos Juegos Olímpicos. Lo leí el mismo sábado en twitter (no recuerdo el autor, lo siento) y me encantó: no debes optar a unos Juegos Olímpicos para arreglar tu país, debes arreglar tu país para poder tener unos Juegos Olímpicos.

El sábado fue en Buenos Aires, pero seguiremos asistiendo al derrumbamiento progresivo de la Cultura de la Transición, que ya no crea los consensos que creaba, que ya no lidera la creación de opinión, que cada vez es más incapaz de restringir los términos del debate. Y que ya no puede maquillar más a la casta que nos gobierna.

El 'efecto Buenos Aires' nos ha dado otro empujón. Cada vez más gente despierta. Y a este régimen cada vez le queda menos tiempo.

jueves, 20 de junio de 2013

Turquía, Brasil y la farsa de los BRIC

Protesta frente al parlamento en Brasilia

Mientras escribía el anterior post sobre Turquía empezaba una ola de protestas en Brasil que aún continúa mientras escribo estas lineas. Protestas que comenzaron por la subida del transporte público en varias ciudades brasileñas y que, como ya viene siendo habitual en todas las protestas mundiales a las que asistimos, han derivado en una enmienda a la totalidad de un sistema corrupto y favorecedor de los intereses de una minoría cada vez más millonaria y avariciosa. Hablaba en el anterior post de estos fogonazos de lucidez que para mí son estas protestas, porque introducen interferencias en el discurso dominante replanteándolo. En este caso, por ejemplo, han logrado colar un mensaje verdaderamente revolucionario en medio de un evento mainstream como la Copa Confederaciones de fútbol. Ha sido muy llamativo y rompedor ver a futbolistas brasileños como Neymar o Rivaldo apoyar las movilizaciones y hablar del derecho a la sanidad y educación públicas. Sí, en mitad de un gran acontecimiento deportivo y de masiva audiencia en el mundo, son sus propios protagonistas (que además son miembros de una profesión demasiado dada al lugar común y la frase hecha y muy poco a los discursos coherentes y arriesgados) los que se lanzan a hablar de política. Habrá a quien le parezca normal. A mí me parece alucinante.
Pero no sólo esto es novedoso. Lo más importante de estas dos últimas movilizaciones masivas de Turquía y Brasil es que se hayan producido en dos de las llamadas "potencias emergentes", esos supuestos paraísos en la Tierra del nuevo capitalismo, que muestran al mundo sus monstruosas tasas de crecimiento económico mientras se embarcan en megaproyectos urbanísticos y especulativos. Vamos, el modelo a seguir por otras economías como las europeas, anticuadas y "poco competitivas", para FMIs, Troikas y demás abogados del neoliberalismo más fetén.

Sin embargo, oh sorpresa, parece que en estos países la gente no está contenta con su situación y exige derechos sociales básicos como la educación y la sanidad mientras manifiesta su profunda indignación ante la prepotencia y autoritarismo de sus gobiernos, más centrados en satisfacer a sus respectivas oligarquías locales con pelotazos varios antes que en atender a los intereses generales. ¿Os suena?

No es que hicieran falta estas protestas para saber que un sistema como el capitalista, que basa el supuesto bienestar de la gente en tablas macroeconómicas y en un eterno crecimiento del PIB como fuente de toda felicidad, se sustenta en la riqueza de unos pocos a costa de la explotación del resto. No hay que irse muy lejos: también en España se crecía al 4% y 5% no hace ni diez años y el 80% de la población asalariada no ganaba más de 1.000 euros al mes. Pero estas protestas visibilizan algo con lo que quizá no contaban los fans de los BRIC (acrónimo de Brasil Rusia India y China, la Champions League de los "emergentes"): que en sus paraísos idílicos existen muchísimos problemas sociales y que sus habitanmtes no están dispuestos a tolerarlos.
Solidaridad con Brasil en la plaza Taksim de Estambul

Brasil y Turquía son dos de esas potencias emergentes. El primero, nueva potencia regional en Sudamérica, está en el club de honor de los cuatro grandes, y la segunda, también con un creciente papel político en Oriente Medio, se encontraría en un segundo grupo con tasas de crecimiento económico más modestas pero constantes, grupo en el que podríamos englobar también a Chile, Colombia o Sudáfrica, por poner sólo algún ejemplo. No me detendré -porque no es el objeto de este post- en profundizar en el hecho adicional de que muchos de estos países aparecen en los sucesivos informes de organizaciones como Human Rights Watch o Amnistía Internacional como vulneradores de los derechos humanos en distintos grados.
En Turquía y Brasil se están viviendo estos días protestas masivas, pero no debemos olvidar que en los otros miembros BRIC también se han producido -sobre todo a partir de 2011- movilizaciones que, si bien no han merecido tanta atención mediática (los medios, ay los medios... otro día escribo sobre ellos), no han dejado de ser importantes, sobre todo teniendo en cuenta los contextos políticos de estos países.

Así, en Rusia, por ejemplo, estamos asistiendo a un goteo constante de movilizaciones en contra del autoritarismo del régimen del presidente Putin y la precaria democracia rusa que empezaron en 2011 y que han sido objeto de una dura represión policial y un bloqueo informativo bastante evidente en los medios "occidentales" sitos en países con evidentes intereses comerciales con el régimen ruso.
Manifestantes en la plaza Bolotnaya de Moscú en 2011

La detención, juicio y encarcelamiento de las miembros del grupo punk feminista Pussy Riot por su protesta en una iglesia ortodoxa de Moscú dieron la vuelta al mundo y desencadenaron una ola de solidaridad internacional que aún hoy continúa.


También en India se vienen produciendo protestas más o menos masivas contra la corrupción del gobierno, y curiosamente también a partir de 2011, año de las revueltas árabes. En este caso se produjeron a raíz de una huelga de hambre iniciada por el anciano activista Anna Hazare y durante días reunieron miles de personas en las calles de varias ciudades del país.

Protestas contra la corrupción en India en 2011

Por último llegamos a China. El gran modelo a seguir por los gurús ultracapitalistas. Dictadura de partido único donde el desarrollo económico puramente capitalista campa a sus anchas sin apenas límites por parte del Estado. El sueño húmedo de todo neoliberal que se precie. Y además la fábrica del mundo. Obviamente no me detendré en las continuas violaciones de derechos humanos en el país número uno del mundo en pena de muerte y donde el mínimo atisbo de protesta es salvajemente reprimido. Pero, aún así, las protestas también se producen, y en este pequeño espacio quiero detenerme en una que, si bien no es asimilable a las anteriores, pues no es una revuelta ciudadana masiva, sino más bien una protesta laboral en el seno de una empresa, sí que tiene mucho de simbólico y supuso mucho tráfico de indignación en twitter en su momento unido, ojalá, a la apertura de ojos para muchos sobre los productos que consumimos alegremente en los países del norte y que, además, muchas veces implican un símbolo de estatus social para nosotros. Me refiero a las protestas y suicidios de trabajadores que se produjeron en la empresa Foxconn, fabricante de componentes de Apple, iniciados en 2010 y que alcanzaron una mayor visibilidad en 2012, coincidiendo con el lanzamiento del iPhone 5. Gracias a estas protestas supimos de las condiciones de esclavitud en que las grandes multinacionales mantienen a sus empleados en esos paraísos BRIC donde, mientras crezca el PIB y ellas produzcan barato, todo lo demás no importa tanto.

En fin, que al capitalismo se le acaban los comodines. Obviamente, un sistema que nos quiere hacer creer que la clave para el futuro es vivir cada vez peor para que nuestro PIB crezca hasta el infinito es un sistema que ha perdido la razón (si alguna vez la tuvo) y que hace mucho tiempo que concentra todos sus empeños en que una élite financiera y empresarial mundial mantenga sus privilegios e insultantes ganancias económicas a costa del 99% de la población.

Confucio dijo aquello de "afortunado el que viva tiempos aburridos". Bueno, en estos tiempos que nos han tocado es cierto que estaremos menos tranquilos, pero también lo es que asistiremos a grandes cambios. Yo no me lo quiero perder.

domingo, 16 de junio de 2013

Homenaje a #occupygezi

Llevaba muchos meses sin dedicarle un tiempo a este blog. Quizá sea porque en España hace mucho que hemos entrado en un bucle en el que nada cambia y todo lo que opino sobre lo que está pasando aquí ya lo he escrito en este espacio, y tampoco me gusta repetirme. Pero sí me apetecía mucho escribir sobre Turquía -país en el que tuve la suerte de vivir y en el que conservo amigos, recuerdos y lugares- y sobre todo lo que se está viviendo allí estos días.

Mientras escribo estás líneas la plaza Taksim y el parque Gezi se encuentran vacías. Ayer el gobierno de Erdogan desalojó brutalmente todo el espacio de la plaza y del parque, con lanzamiento masivo de gases lacrimógenos, dentro incluso de hoteles de lujo como el Divan que habían acogido a las personas que huían de los gases. Hoy están convocadas manifestaciones de apoyo en todo el país. En Estambul se está llamando a reunir un millón de personas en Taksim.


Han sido muchas imágenes las que, desde la distancia, hemos podido ver de las protestas turcas. Yo me quedo con esas abuelitas que dejaban en sus ventanas pañuelos húmedos con vinagre y limón para que los manifestantes pudieran contrarrestar los efectos de los gases lacrimógenos, con los tenderos que dejaban paquetes de galletas y demás provisiones en las barricadas, con los autobuseros y camioneros que atravesaban sus vehículos en mitad de la calle para proteger a la gente de los ataques policiales y, cómo no, con esa digna y poderosa imagen de aquella señora con mascarilla empuñando un tirachinas contra la policía.

En el budismo japonés se habla de satori para referirse a una iluminación súbita, que sucede de repente después de cierto tiempo dedicado a la meditación. Cuando esto sucede, se puede experimentar durante unos segundos lo que significa la iluminación, pero enseguida se vuelve al estado normal. Sería como si llegaras a una puerta cerrada y se abriera una pequeña rendija que te dejara ver un poco de lo que hay detrás, cerrándose otra vez de golpe al cabo de pocos segundos. Para mí, las sucesivas revueltas que se están produciendo desde que los pueblos árabes decidieron rebelarse contra sus tiranos y que se están extendiendo por todo el mundo (también mientras escribo esto se cumplen seis días de protestas ininterrumpidas en Sao Paulo por el aumento de los precios del transporte público) son precisamente esto: pequeños fogonazos de lucidez, que nos permiten atisbar mientras duran cómo será el futuro y que a mí, pese a las dificultades que vivimos, me dan mucha esperanza y tranquilidad. Nos ofrecen la visión de un futuro cooperativo y no competitivo, en el que la economía esté al servicio de las personas y no al revés, en el que recuperemos la conexión perdida con la naturaleza y donde seamos verdaderos partícipes en las decisiones que nos afecten, especialmente sobre los bienes del común, los bienes públicos.

Es cierto que cada una de las revueltas que se suceden por el mundo tiene sus particularidades propias, pero lo novedoso y emocionante es que, junto a esas particularidades, aparecen elementos en común. No es casual que lo primero que aparezca en todas las acampadas sea una biblioteca y un pequeño huerto. Y tampoco que aparezca también la música. Lo vimos en Madrid con la orquesta solfónica y lo hemos visto en Estambul este mismo miércoles cuando, tras la imagen de la mañana de una plaza de Taksim vacía y anegada de gases tóxicos, por la noche reunió a miles de personas alrededor de un piano, recuperando de nuevo el espacio de la mejor manera posible. Libros, plantas y música. No es poco. Los libros y la música  nos recuerdan lo que somos, aquello a lo que no queremos renunciar, lo mejor que hemos producido como humanos: el arte, la cultura, la búsqueda de la belleza. El huerto nos recuerda que, además de esto, también somos una especie animal más del planeta, con el que debemos reconciliarnos y dejar de expoliarlo. Por eso tengo esperanzas para el futuro, porque hoy en la Tierra hay millones de personas dispuestas a defender lo mejor que hemos sabido dar al mundo, frente a la mezquindad y la podredumbre ética que nos ofrece este sistema depredador en el que hace mucho tiempo que el único que manda es el dinero.

Ver los espacios públicos como Tahrir, la Puerta del Sol o Taksim transformados por unos días, sin anuncios publicitarios, sustituidos por mensajes que invitan a la lectura, a la crítica, al ejercicio de la verdadera libertad, sólo puede ser eso: un anuncio de que otro futuro no sólo es posible sino que, como decía Sampedro, es seguro.

No sé cómo terminará #occupygezi, ni que pasará con el parque, ni si lograrán la caída de Erdogan. En realidad es lo menos importante porque, pase lo que pase, nadie podrá borrar ya de los libros de historia estos dieciséis días. Dieciséis días de abuelas con tirachinas y derviches con máscara antigás. Dieciséis días de locura maravillosa.

Desde el aquí y el ahora, yo sólo puedo expresar mi profunda admiración hacia ellos y reconocer su enorme aportación a lo que será un futuro mejor, construido entre todos.

Her yer Taksim, her yer direniş!